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viernes, 1 de marzo de 2013

¿Para qué volverá Cristo a esta tierra?



Los cristianos sabemos que Cristo va a venir de nuevo a esta tierra. La Biblia lo enseña con mucha claridad. ¿Pero cuántos tenemos una idea clara del sentido y del propósito de su venida, del por qué y para qué de su retorno a nuestro mundo?

El apóstol Pedro nos exhorta a "estar siempre preparados a dar una defensa (apología razonable) a todo aquel que nos pide la razón (la lógica) de nuestra esperanza". Eso significa el esfuerzo de estudiar las escrituras seriamente y pensar con cuidado en la lógica y el sentido de nuestra esperanza en Cristo.

Básicamente, el Nuevo Testamento enseña que Cristo volverá porque tiene nuevas cosas que hacer en esta tierra. ¿Cuáles son las tareas que Cristo vendrá a realizar?

Primero, Cristo volverá a esta tierra porque va a reinar en ella. "Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino", dijo el malhechor penitente (Lc 23:42; 1 Tim 6:14-16). Reinará en esta misma tierra durante mil años, y reinaremos con él (Apoc 20:1-4); después reinará, y reinaremos con él, en la nueva tierra, por los siglos de los siglos (Apoc 22:5). La gran esperanza del Reino de Dios, tan central al mensaje de los evangelios, es también la clave central al significado de la Segunda Venida de Cristo. ¡Cristo viene a reinar!

Llama la atención que ningún texto del Nuevo Testamento afirma que el propósito del retorno de Cristo es el de "levantar su iglesia". Aun en 1 Tes. 4:17, único texto que afirma explícitamente que "seremos arrebatados ", ese "rapto" no es más que transporte "al encuentro con él" que nada tiene que ver con escaparnos de la gran tribulación. Su venida no será "Operación Rescate" sino "Operación Reinado". Es la falta de una teología del reino que nos hace buscar la lógica de la venida de Cristo en otras cosas erradas.

Segundo, Cristo viene a resucitar a todos los creyentes muertos. Según 1 Tesalonicenses 4:15-17, al venir Jesús, los que duermen en él saldrán de sus tumbas (Jn. 5:28-29), los creyentes vivientes serán transformados a su cuerpo de gloria (Fil 3:21), y seremos arrebatados hasta la nube a nuestra reunión con él, para acompañarle en su venida. Cristo nos dejó cuando regresó a su Padre, y envió su Espíritu, pero después de su regreso él estará con nosotros para siempre y nosotros con él (1 Tes. 4:17; 1 Pedro 1:7-8).

Tercero, viene a vencer para siempre a los enemigos de su reino (Apoc 19:11-21). Al venir Cristo, "destruirá con el espíritu de su boca, y con el resplandor de su venida" al hombre de pecado (2 Tes. 2:8), el anticristo. El día de su venida será el gran día de su victoria final sobre todos los enemigos de su Reino.

Cuarto, según San Mateo, al venir Cristo va a juzgar a las naciones y separar las ovejas de los cabritos, según la práctica de la fe de unos y otros (Mat 25:31-46). El día de su venida será la hora de la verdad, tanto para los impíos e injustos como para los falsos cristianos (Mat 7:21-23).

Este aspecto debe llevarnos a examinar muy seriamente nuestra propia vida cristiana. No todos los que dicen "Señor, Señor", ni que asisten iglesias evangélicas y cantan coros, entrarán en el Reino de Dios. Nos conviene meditar en un mensaje que traía este letrero fuera de una iglesia de Alemania:

 Me llaman Maestro y no me escuchan,
me llaman Luz y no me miran,
me llaman Camino y no me siguen,
me llaman Vida y no me viven,
me llaman Sabio y no me aprenden,
me llaman Justo y no me temen,
me llaman Señor y no me obedecen,
si yo los condeno no me reclaman.

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