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viernes, 1 de marzo de 2013


ANALISIS DEL TERMINO PADRE EN EL GRIEGO NT      πατήρ
A.     El mundo indoeuropeo y la antigüedad grecorromana.
I.     El uso de πατήρ. De origen indoeuropeo, e incorporando la sílaba infantil «pa», πατήρ significa «padre» o «antepasado», luego «iniciador», «persona respetada», «anciano», «maestro», etc. El plural significa «antepasados», y muy ocasionalmente «padres» en el sentido de «padre y madre».
II.     El concepto antiguo y su influencia. El término es primeramente genealógico, luego legal y sociológico para el jefe de una familia –bondadoso pero autoritativo– en un orden patriarcal.
III.     Los griegos.
1.     Jefe de la casa y maestro. El gobierno patriarcal se encuentra también entre los griegos, siguiendo el modelo de Zeus, y similar al de un rey. Los estoicos consideran que los hijos están sujetos a sus padres en cuanto a mayores, benefactores y superiores. Pero hay también un énfasis en el amor del padre. Los padres son maestros por la palabra y por el ejemplo. Así Filón afirma que deben engendrar y mantener en alto las buenas resoluciones y las acciones de valentía (De las leyes especiales 2.29).
2.     La devoción para con el padre. Un deber reconocido uniformemente es el de honrar al propio padre. Mandar el amor a los padres es, según los estoicos, superfluo; los padres sólo siguen en rango a los dioses. Esto no entraña un culto a los antepasados. El punto es que la razón divina llega a su expresión en las sociedades humanas, p. ej. la familia y el estado. Sin embargo, si surge el conflicto, el bien toma precedencia sobre padre y madre.
IV.     La patria potestad de los romanos. El derecho romano otorga autoridad y poder al jefe de la casa. El derecho civil se combina aquí con el derecho sacro, ya que el padre es también el sacerdote. La potestad del padre continúa sobre todos sus hijos hasta que él muere, y abarca también a los esclavos. Incluye la potestad disciplinaria y penal, el derecho a casar y divorciar a sus hijos, y el derecho de adoptar y de emancipar. El punto de vista romano afecta el derecho griego, y los judíos que son ciudadanos romanos lo adoptan (cf. Filón, De las leyes especiales 2.227.233). El relajamiento sólo llega con el Código de Justiniano.
V.     El uso religioso de la imagen del padre.
1.     La base indo-irania de la idea de Dios como padre. La invocación a Dios como padre, e. d. el autor del ser, es antigua. Se basa en ideas primitivas, p. ej. en la India el punto de vista de que la vegetación surge por concepción del cielo y la tierra. El concepto del progenitor divino se difunde en muchas formas (cf. en Egipto el rey como hijo de Dios).
2.     Zeus como padre y gobernante. En Homero, Zeus es el dios universal, el padre de todos los seres divinos y humanos. En esta idea confluyen el patriarcalismo, la paternidad y la monarquía. Si bien a Zeus no se le llama rey, aún así gobierna sobre todas las cosas y es la apoteosis del jefe de la casa, que protege los derechos de los padres. Los aspectos despóticos en la descripción que hace Homero de Zeus expresan tal vez cierta rebeldía contra la autoridad paterna irrestricta. Sin embargo, el hecho de que sea descrito en términos humanos significa que también él está sujeto al destino.
3.     El padre en los misterios. En los misterios es común que a Dios se lo llame padre (cf. Serapis, Mitra y Helios). El término denota relación, y la generación por el dios da testimonio de su amistad y poder de bendecir. El dios padre hace que los iniciados sean tanto hijos como hermanos en una familia espiritual. El maestro o pastor es también un padre cultual en esta familia, y el oficio es hereditario e implica una descendencia espiritual. El padre sacerdotal representa al padre divino (cf. el papel sacerdotal del jefe de casa terrenal).
VI.     Formas filosóficas y gnósticas de la creencia en el padre.
1.     El padre en la cosmología de Platón. Platón ve en esta idea la fuente de todas las cosas. Luego le da al concepto de padre una forma cosmológica en el mito de creación. Dios es autor y padre (ποιητὴς καὶ πατήρ). El mundo es bueno porque su arquitecto es bueno. Filón hace uso de los términos de Platón. El neoplatonismo distingue entre el Dios supremo y el demiurgo. Los sistemas gnósticos asumen una visión parecida. Un término común en la especulación cosmológica es «el padre de todos» (πατήρ τῶν ὅλων ὁ πάντων).
2.     El padre como engendrador y la síntesis de rey y padre en el estoicismo. El estoicismo usa el mito del matrimonio sagrado de Zeus y Hera, y hace remontar el mundo a un engendramiento divino (cf. los λόγοι espermáticos). Esto le confiere a la humanidad una filiación divina y una participación en el λόγος divino. Esto sólo lo ven los sabios, y por lo tanto hay cierto sentido en el cual Dios es sólo el padre de los buenos. Los dioses quieren que seamos virtuosos, y por eso la filiación divina conduce a la enseñanza ética. El estoicismo posterior enfatiza la autoridad de Dios como gobernante. Como buen rey y verdadero padre, Dios concede los poderes necesarios para luchar contra la adversidad. Zeus, como rey de los reyes, es el modelo para los gobernantes terrenales.
3.     El concepto de padre en Filón.
a.     Influencia griega. Filón usa para Dios el término absoluto «el Padre». Muestra la influencia de Homero y de Platón, pero también recoge la idea estoica de la generación. El alma es hija de Dios en cuanto en ella son engendradas las virtudes. Los sabios son adoptados por Dios como verdaderos hijos. Como Padre, Dios cuida su creación y en su compasión paterna le otorga buenos dones.
b.     Factores judíos. Para expresar la autoridad de Dios, Filón prefiere κύριος o δεσπότης antes que βασιλεύς. Dios tiene a la vez poder creador y poder regio. En el λόγος como vehículo de su deidad trascendente, se funden su autoridad y su bondad. El λόγος es el primogénito del Padre, que valida el poder paternal de Dios y su autoridad de gobierno.
4.     El padre en el misticismo hermético. En el mundo confuso del misticismo de Hermes, el padre de todos es el único polo fijo. Trascendente, está relacionado con todas las cosas y se le conoce místicamente. Es padre en cuanto a hacedor o engendrador. El hombre primigenio recibe luz y vida del padre y se le permite crear, pero cae al aparearse con la naturaleza. Como autor y padre, Dios es bueno y abarca todo bien. Ejerce un gobierno salvador, fija los destinos humanos, y tiene misericordia de los iniciados, los cuales entran en comunión con él por medio del νοῦς. «Padre» es la última palabra de oración para los iniciados, pero la meta última es la absorción en el todo.
[G. Schrenk, V, 945–959]
B.     El AT.
1.     πατήρ y otros términos para אָב en el AT. En el AT casi siempre se usa πατήρ para אָב. Otras traducciones de אָב no dan un resultado significativo, puesto que o se trata de frases adjetivas, o de intentos de mayor precisión, o de ablandamientos.
2.     אָב como palabra primaria. אָב es una palabra primaria que no está conectada con otras raíces, que tiene sólo un significado, y sin verdaderos sinónimos. Todas las relaciones que se han sugerido con otros términos son cuestionables (cf. el intento de leer «terror» en Gn. 31:42 como «pariente» o «antepasado»).
3.     אָב como elemento básico en el concepto de la familia. El orden socio-legal de la vida familiar determina el uso hebreo de «padre». La familia es «la casa del padre». Puesto que aquí «casa» puede ser un edificio, el entorno es una cultura urbana. Se tiene en mente la supremacía legal del padre, pero los matrimonios de los hijos varones crean un clan y diluyen esa autoridad a medida que la casa se convierte en una comunidad más amplia. En este sentido el padre puede ser el «antepasado», como en la expresión «Dios de los padres» (Éx. 3:13). El amor, el orgullo y la lealtad pueden prolongar el sentido de pertenecer a los antepasados (cf. el papel de Abraham y David, y el uso de «padres» en Lc. 1:73; Ro. 4:12).
4.     Rasgos básicos del patriarcado. Las leyes de familia de Israel dan primacía al padre, especialmente en asuntos de propiedad y herencia. Al principio se pueden ver también rasgos matriarcales, pero el culto refuerza el patriarcado al esperar ciertas funciones sacras por parte del varón que es jefe del clan, y al limitar la función religiosa de las mujeres; cf. Jueces 17:10, donde al hombre joven se le llama «padre» porque actúa como sacerdote, y el uso posterior del término «padre» para el profeta (2 R. 2:12) o para un oficial. Con el uso de ese término también se concede dignidad y autoridad al sacerdote, al profeta y al oficial. La primacía del padre significa que los niños pertenecen a su clan, y que los hijos son herederos a menos que su madre sea una «mujer extraña» (Jue. 11:2). Los padres pueden vender a sus hijas como siervas (Éx. 21:7) y pueden acusar a sus hijos (Gn. 38:24; Dt. 21:18ss) en su respeto por la ley superior. Los padres desempeñan un papel importante en los tribunales tribales, y son tan respetados que no se les debe maldecir ni golpear (Éx. 21:15, 17). De manera que no hay casos de parricidio en el AT. El mandamiento (Éx. 20:12) destaca el impulso que está detrás de la ley, asociando a la madre con el padre e inculcando una norma de conducta positiva. No se discute si los padres merecen o no ese respeto. El término «padre» puede establecer un ideal cuando se aplica a sacerdotes, profetas y oficiales, pero los padres físicos deben ser honrados en cuanto tales, puesto que lo son por ordenanza divina. El padre tiene algo de divino, ya que Dios tiene algo de paterno.
5.     El padre de los dioses. El AT hace escaso uso de «padre» para referirse a Dios. Las tres razones principales de esto son que el AT expresa la confianza en términos más intelectuales, que el importante concepto de alianza no encaja muy bien con el de padre, y que el motivo del padre está relacionado más de cerca con los mitos. Israel sí llama Padre a Dios, como se puede ver en los nombres teóforos. Pero la noción más amplia de un Padre de los dioses no aparece en el AT. Cuando más, se podría citar Deuteronomio 32:8–9, aunque Deuteronomio 4:19 deja claro que todas las cosas están bajo el gobierno supremo de Dios. Salmo 82:6–7 se refiere a los «hijos del Altísimo», y Salmo 29:1 y 89:6 hablan de «seres celestiales» sin llegar a llamarlos hijos de Dios. Sólo poéticamente a los dioses se les puede llamar «hijos de Dios». Teológicamente, el concepto de Dios no deja cabida para esta concepción mítica.
6.     Padre y otros términos de relación en la religión del AT. La idea de Dios como Padre encaja más fácilmente con el culto familiar que con el tribal, pero el sentido comunitario del clan o de la tribu provee cierta base para el uso más amplio del concepto. Es un concepto religioso antiguo que debe haber estado presente en algún otro lugar antes de ser adoptado por Israel. Detrás de esa idea se halla el sentido de la generación a partir de un solo jefe, y un inicio último en Dios (aunque sin la menor insinuación de culto a los antepasados). La relación con Dios se interpreta entonces en las líneas de la relación con el padre, con cierta disminución del sentido de distancia entre Creador y criatura, pero no tanto como cuando se concibe a la deidad como madre, hermano o tío, puesto que a esas figuras corresponde menos autoridad. Hay que señalar, también, que la relación de sangre sugerida por el término «padre» no se concibe literalmente, sino metafóricamente (a causa de su contenido emocional), de modo que la tradición adopta el concepto aún cuando en tiempos de apostasía es malinterpretado (cf. Jer. 2:26–27). Las referencias al engendramiento divino (Ez. 23:4; Gn. 6:4) hay que verlas en el contexto del Salmo 90, que no llama a Dios padre de la naturaleza pero lo presenta claramente como su Señor soberano (v. 2) y llama a los creyentes siervos suyos en lugar de hijos. Deuteronomio 32 indudablemente llama a Dios Padre de su pueblo (vv. 6, 18–19), pero lo hace con el fin de lograr que la realidad de la comunión con Dios sea lo más viva posible, y de destacar sus implicaciones éticas.
7.     Padre como elemento teóforo en los nombres propios de Israel. La vitalidad de los motivos que es propia de las religiones tribales se puede ver en un nombre como Joab («Yavé es Padre») o Abías («Padre es Yavé»). Con un «mi» o sin él, se trata de una confesión personal, pero también conlleva un sentido colectivo. Dios, como Cabeza de la comunión sanguínea, es Padre de cada miembro de esa comunión. No se puede concluir, sin embargo, que el parentesco constituya una base para el desarrollo del concepto de Dios como Padre.
8.     Padre como metáfora. La fe de Israel en Dios como Padre no ha de verse como si estuviera fundamentada en el mito, ya que el mito no alimenta la piedad, e Israel cuestiona siempre una imagen de Dios que sea simplemente una imagen humana enaltecida. Aplicado a Dios, el término Padre es finalmente metafórico. El primer punto de comparación es la autoridad legal del padre. Si la idea sigue topando con cierta resistencia, de modo que los individuos son llamados hijos de Israel y no de Yavé, la posición sociológica del padre como aquel que es una autoridad fidedigna y aún así amorosa (cf. Sal. 103:13; Pr. 3:12) le confiere una fuerza duradera. El amor es un elemento cada vez más importante en el uso del término, como se puede ver por Oseas 11:1. Es un elemento importante incluso en la ideología de la realeza (cf. 2 S. 7:14–15), y por lo tanto ocasiona afirmaciones como las de Salmos 89:26 y 2:7. Cosas intrínsecas en ese concepto son la grandeza de Dios y su solicitud amorosa.
9.     Padre como concepto de autoridad. El elemento de autoridad se puede ver en el hecho de que el deleite del Padre en el hijo se expresa más comúnmente que el gozo del hijo en el Padre. La paternidad implica un deber de obediencia (cf. 2 R. 16:7; Dt. 14:1; Jer. 18:6–7; cf. Is. 64:8). Como Creador, Dios Padre gobierna y moldea a su pueblo.
10.     La tendencia universalista en la designación de Dios como Padre. Puesto que Dios es Creador, resulta lógica una extensión del concepto de padre más allá de Israel. El Padre de Deuteronomio 32:6 crea a su pueblo en vez de engendrarlo, y esto comporta la pregunta de si crea a Israel solo (cf. Jer. 3:19; Mal. 2:10). Lo que aflora finalmente es que el sentimiento paternal es el verdadero motivo en el concepto de padre en cuanto se aplica a Dios (cf. Sal. 73:15; Jer. 31:18ss; Is. 63:15–16). Esto tiene una referencia personal así como nacional (Sal. 27:10; 68:5), y al final se supera toda reserva y puede haber una plena declaración de confianza en Dios como Padre (Sal. 89:25; Si. 51:10).
[G. Quell, V, 959–974]
C.     El concepto de padre en el judaísmo tardío.
I.     El padre terrenal.
1.     La devoción para con el padre. Los rabinos discuten sobre porqué en Éxodo 20:12 hay que honrar primero al padre, mientras que en Levítico 19:3 hay que honrar primero a la madre (la LXX y Filón cambian el orden en Levítico). Piensan que en Levítico se pone primero a la madre porque ella da consejo al niño. Por otro lado, el padre debe recibir más honor porque enseña la ley. Se establecen reglas de cumplimiento apropiado. Así, no hay que contradecir al padre ni criticarlo, y los hijos adultos deben cuidar de sus padres ancianos.
2.     Padre y madre como instrumentos y representantes de Dios. El honrar a Dios viene antes del honrar a padre y madre, y este principio también puede dar precedencia a los maestros de la ley. Pero los padres son instrumentos de la generación divina, y por lo tanto honrar a los padres es honrar a Dios.
3.     Los deberes del padre. El padre debe enseñar a sus hijos la ley mediante la instrucción y el ejemplo. Puede castigar a los hijos, pero los rabinos suelen suavizar las penas de Éxodo 21:15; Levítico 20:9. Filón y Josefo, sin embargo, se inclinan a la opinión romana de la autoridad paterna, y por ende a una actitud más severa en cuanto al castigo.
II.     Los padres en el judaísmo.
1.     El concepto. Los «padres» son habitualmente los patriarcas, pero el término abarca también a la generación del éxodo o del desierto, y a figuras prominentes del pasado. Abraham, Isaac y Jacob son «padres del mundo», y Abraham, padre de naciones, es comúnmente llamado «nuestro padre Abraham».
2.     Importancia de los padres. Los padres son la roca de donde fue extraído Israel. Encarnan la tradición y garantizan la gracia de la alianza. Sus méritos mediados borran los pecados posteriores y aportan perdón en el juicio. Son intercesores eficaces. A Dios se lo invoca entonces como «nuestro (mi) Dios y el Dios de nuestros (mis) padres».
III.     Padre como título para el maestro. Como título general de honor, «padre» es un término común para el rabino. Modelo para esto es el uso del AT para el profeta (no para el patriarca). El título suele ir ligado al nombre del maestro.
IV.     Dios como Padre en el judaísmo. En el judaísmo a Dios se le suele llamar Padre, tanto colectiva como individualmente. El helenismo fortalece este uso, pero en Israel el acento es menos cósmico y genealógico y más nacional y teocrático. El uso religioso aumenta hacia el final del siglo I d. C.
1.     Distinciones respecto a la cosmología griega.
a.     No engendrador cósmico sino protector nacional. La diferencia más importante respecto al pensamiento griego es que en el judaísmo Dios es el Padre del pueblo de la alianza en una relación personal. La referencia no es a engendrar como un principio, sino a la paternidad como una actitud y como una acción. Dios es Señor del mundo, pero como Padre cuida a su pueblo. La adición de «nuestro», «tu», «mi», etc. expresa el aspecto personal. En su mayor parte, Padre se usa como predicado y al dirigirse a Dios.
b.     Padre y Señor. Estos términos van juntos en el judaísmo tardío. La combinación se prefigura en Malaquías 1:6; Sirácida, etc. Josefo usa πατήρ καὶ δεσπότης, y «nuestro Padre, nuestro Rey» es también una fórmula litúrgica en la sinagoga. Esa conjunción, que el estoicismo y el gnosticismo favorecen también, preserva el sentido de la santidad de Dios y por lo tanto protege el concepto de padre contra un debilitamiento sensiblero.
2.     El Padre en los cielos. Desde fines del siglo I d. C. esta es una frase común en la sinagoga palestinense. La tradición hace datar «Israel y su Padre del cielo» a aproximadamente el 70 d. C. Aquí el cielo no pretende enfatizar la lejanía de Dios, sino distinguir su paternidad de la paternidad terrenal. Después del 70 d. C. el consuelo por la pérdida de la libertad política se halla mirando al Padre celestial. El uso es colectivo, pero también se dan versiones personales («mi Padre del cielo», etc.). Esto se aplica especial pero no exclusivamente al caso de figuras prominentes que gozan de una relación con Dios inusitadamente cercana. La frase «ante el Padre del cielo» expresa la actitud de Israel en la oración.
3.     Invocación al Padre en la oración. Los escritos judíos helenísticos y las liturgias de la sinagoga muestran que a Dios se le invoca como Padre (cf. Is. 63:16; 1 Cr. 29:10 LXX). La forma «nuestro Padre» es común, pero «nuestro Padre del cielo» lo es menos.
4.     Relación con otros nombres sinagogales para Dios y la limitación en el entendimiento de Dios como Padre. Los rabinos prefieren frases que denoten la soberanía de Dios, o términos tales como el Santo o el Misericordioso, o bien usan en su lugar términos como el lugar, la morada o la palabra. El énfasis se pone en la santidad de Dios y su poder, más que en su condición de padre. Es poco común un sentido vivo del cuidado paternal, y la creencia en el mérito tiende a despojar al término Padre de profundidad y validez, puesto que el legalismo restringe la libertad paterna. Todos los materiales de la verdadera fe en el Padre están presentes, pero el espíritu sigue estando ausente en alguna medida.
D.     El NT.
I.     Padre según el Jesús de los Sinópticos.
1.     La honra al padre terrenal y sus límites. Jesús afirma incondicionalmente el quinto mandamiento (Mr. 10:19) y descarta las evasiones de la casuística (Mr. 7:10ss). Muestra también una tierna consideración por la relación padre-hijo (Mr. 5:40; 9:14ss; Lc. 9:37ss). Surge tensión con el llamado de Jesús al discipulado, ya que, como el matrimonio (Gn. 2:24), esto establece un nuevo orden (Mr. 10:29–30) y exige una perspectiva escatológica (Mt. 8:21–22), y sin embargo no permite una evasión del mandamiento. A veces la tensión se puede sentir tan fuertemente que va involucrada una renuncia a todos los vínculos terrenales (Lc. 14:26), aunque no en el sentido de un voto. El Hijo del Hombre separa a las generaciones (Mr. 13:12), como en la expectación escatológica judía. Del lado positivo, sin embargo, el evangelio realiza una obra de reconciliación (Lc: 1:17) al sanar la destrucción familiar y restaurar a los desobedientes.
2.     El uso religioso de πατήρ.
a.     La presuposición del patriarcado. El patriarcado es el trasfondo sociológico para el uso religioso de πατήρ. Es inusitado dejar padre y oficio para seguir a Jesús (Mt. 4:22). El padre les ordena a sus hijos que trabajen en la viña (Mt. 21:28). El padre mantiene y controla la propiedad familiar (Lc. 15:11ss). El hijo más joven peca al buscar ser dueño por adelantado y al abandonar con egoísmo la casa de su padre; la conversión es un retornar a la comunión con el padre. El estar en comunión con el padre es el don del cual depende todo lo demás. Cuando Jesús llama Padre a Dios, en su paternidad se da a entender el señorío de Dios.
b.     Invocación de Dios como «Abba». El NT ha preservado el término arameo usado por Jesús, a saber, «Abba». Este grito de niño es un vocativo generalizado. Se le aplica a Dios confiadamente un sonido infantil, como el término más simple para expresar la actitud amorosa de Dios. Se evita la familiaridad al colocar la invocación en el entorno del reino, con su exigencia de sumisión al santo gobierno de Dios.
c.     El Padre de los cielos.
(a)     Fuentes. Parece probable que Mateo conserve la forma original y más larga de esta expresión (cf. Mr. 11:25). En pasajes paralelos, Lucas la enmienda para adaptarse a su propósito. Mateo muestra que Jesús no siempre añade «en los cielos», pero presenta una verdadera teología del Padre en una forma que se halla cerca de la tradición palestinense.
(b)     Significado. Distinguiendo entre el cielo y la tierra, la fórmula sugiere la soberanía pero también da a entender una perfecta paternidad. El uso de «vuestro» o «nuestro» denota la condición de filiación. En el Padrenuestro, las primeras tres peticiones expresan el dominio de la tierra por el cielo bajo la paternidad divina. En Mateo 6:1ss, la devoción es regulada por el Padre. En Mateo 23:9 el Padre celestial fija de modo normativo el significado de la paternidad terrena. Lo que la fórmula siempre implica es la orientación de la tierra al cielo, o el dominio de la tierra por el cielo, bajo el Dios que es sublime y, sin embargo, cercano.
d.     Mi Padre y vuestro Padre.
(a)     Fuentes. El uso de «mi Padre» es limitado en Marcos, pero más común en el material peculiar a Lucas y especialmente en Mateo. En Marcos «vuestro Padre» figura solamente en 11:25. Es más común en Mateo.
(b)     Distinción. En Marcos y Lucas, y en material común a Mateo y Lucas, «vuestro Padre» figura sólo en directrices a los discípulos. Pero la frase siempre se halla en relación con Jesús. Las directrices reciben su fuerza de la presencia del reino en la persona de Jesús. La verdad de la paternidad es la revelación del Hijo. Sólo por medio de él es una verdad para los discípulos.
(c)     Confesión cristológica. Jesús enseña a sus discípulos a que en oración digan «Padre nuestro», pero su propia frase «mi Padre» expresa una relación singular. Esto se puede ver ya en Lucas 2:49 (cf. 23:34, 46). El uso tiene fuerza cristológica y confesional en Mateo 16:17; 18:19. El contenido de esta cristología es que el Padre se revela a sí mismo en el Hijo, que se toma una decisión en relación con él, que el Hijo sufriente está haciendo la voluntad del Padre, que otorga a sus seguidores la salvación y la seguridad de su aceptación, y que se promete la consumación futura.
e.     La forma absoluta ὁ πατήρ. El uso absoluto es poco común, pero se halla en todos los estratos. En labios de Jesús generalmente figura con «el Hijo» o «el Hijo del Hombre» en contextos apocalípticos. Daniel 7, que expresa la soberanía del Padre y el encargo al Hijo, bien puede ser la base para esto.
f.     Dios, Padre de todos. Jesús relaciona la paternidad de Dios primordialmente con la nación privilegiada de Israel, aunque la decisión respecto a la relación de Israel con el Padre descansa en su encuentro con el Hijo (cf. Mt. 21:28ss; Lc. 15:11ss). Dios es el Creador de todos (Mt. 5:43ss) pero no hay referencia alguna a una filiación general por naturaleza o por condición. Los discípulos encuentran al Padre en Jesús. La paternidad está vinculada con el reino y con el discipulado. Implica el señorío divino.
g.     Autoridad paterna y cuidado paterno. El Padre celestial es un modelo de generosidad imparcial que expresa su perfección en el perdón. Combina el amor con la disciplina, y su don más grande es su exigencia más fuerte (Mt. 6:14–15; Mr. 11:25). La manifestación del Padre reemplaza el legalismo y domina la conducta con miras a su gloria (Mt. 5:16). La solicitud acompaña a la autoridad. El Padre provee tanto para las necesidades terrenales como para la salvación final. Uno puede confiar en su previo conocimiento (Mt. 6:8, 32) y en su bondad paterna (Mt. 7:9ss). Presta su ayuda en la persecución (10:29–30) y no quiere que ninguno de sus pequeños perezca ni en el tiempo ni en la eternidad (Mt. 18:14).
h.     Significación para los discípulos.
(a)     Forma cristológica de la creencia en el Padre. Jesús está totalmente comprometido con el Padre y con su designio salvífico, y no reclama mayor poder ni conocimiento que el Padre. Esto se destaca en la oración de la pasión en Marcos 14:36, y en su advertencia de que no conoce la fecha de la parusía (13:32). La autoridad del Hijo es el don del Padre, para ser usado en el servicio del Padre. El Padre revela la verdad referente al Hijo (Mt. 16:17). La comunión del reino es una comunión de familia bajo el Padre como Cabeza.
(b)     El grito de júbilo. El misterio del Hijo es parte integral de este grito. La comunión del Hijo con el Padre le da su autoridad y su conocimiento. La verdad acerca de Jesús y el Padre asume aquí una forma kerigmática en un modo que nos lleva a la raíz del sentido singular de la expresión de Jesús «mi Padre».
(c)     El mensaje cristológico en Lucas 15:11ss. El mensaje cristológico en Lucas 15:11ss es el del amor paternal que muestra la misericordia que sale al encuentro de la verdadera conversión y luego busca ganarse al hermano mayor hacia el círculo de la bendición. La voluntad del padre implica la aceptación de su misericordia, y el banquete gozoso representa el regocijo familiar ante la restauración de la comunión. La obra de Cristo es la obra en virtud de la cual el Padre une a los justos y a los injustos en una nueva comunión familiar, superando el legalismo de los primeros y abriendo generosamente las puertas a los segundos. Esta obra no hace superflua la cruz, ya que llega a su consumación en la cruz, donde Jesús perdona al ladrón y ora por los que se creen justos. Es en la cruz donde Jesús realiza la verdad de la paternidad que domina su ministerio.
i.     La unidad de Padre, Rey y Juez.
(a)     Padre y Juez. En el patriarcado, la provisión del padre y su poder judicial van juntos. La voluntad del Padre es la norma del juicio (Mt. 7:21ss; 18:23ss), y el Hijo juzga en nombre del Padre (Mt. 25:31ss).
(b)     Padre y Rey. El término «padre» incluye el señorío, pero Jesús fortalece este aspecto al asociar la paternidad con el reino. A Dios rara vez se le llama βασιλεύς en los Evangelios, pero no se puede poner en duda su señorío. El gobierno regio de Dios es el gobierno paternal de la gracia. Jesús pone fin a cualquier restricción legalista de términos tales como Señor, Rey y Juez. El nombre específico Padre absorbe e implica a otros en la expresión de una sencillez confiada que supera tanto el temor a los nombres divinos como su acumulación.
II.     πατήρ en Juan.
1.     Uso. En Juan, πατήρ se usa para Dios unas 115 veces. Predomina el uso absoluto. Sólo una vez encontramos «vuestro Padre» (20:17), y no se encuentran en absoluto «nuestro Padre» ni «Padre en los cielos».
2.     Concepto. Juan no conecta con el término «padre» la idea de engendrar. El Padre toma precedencia (14:28) en el dar con autoridad (6:32). El Hijo lo conoce, le obedece, lo reconoce y lo honra en una armonía de amor (10:30). La relación del Hijo con el Padre implica el patriarcado. Él permanece en la casa del Padre, es dueño de lo que le pertenece al Padre, y puede lograr que el Padre lo oiga (8:35; 16:15). Él prepara un lugar para sus discípulos como miembros de la familia de su Padre (14:2).
3.     Revelación. En Juan, el mensaje de la paternidad divina está relacionado con la revelación. Dios no es primordialmente el Padre de todos, sino el Padre del Hijo que lo manifiesta, y que es el Hijo en un sentido único. En Juan 1:14, 18 el Padre es el Dador de la revelación y el Hijo es el Revelador (cf. 4:21, 24). El Hijo actúa con el encargo del Padre (5:43). El Padre da testimonio de él en la Escritura (5:37ss) y lo da a él como pan celestial (6:32). Sólo porque ha estado siempre con el Padre el Hijo puede revelarlo (1:1, 18). Por eso la clave es el envío. El Padre envía a su Hijo a que realice su obra, y es en cuanto es consagrado y enviado que es manifestado como el Hijo (10:36). «Padre» es en sí una palabra de revelación (17:6, 11, 25, 26). Es acerca del Padre que habla Jesús (16:25). No se trata de un simple concepto verbal, separado de la obra salvífica del Hijo. La obra del Hijo es el contenido del testimonio referente al Padre (6:41ss). Conocer o ver al Hijo es conocer o ver al Padre (14:7ss). Decidirse en favor o en contra del Hijo es decidirse en favor o en contra del Padre (8:42). Si la revelación es la declaración del Padre, la palabra y la obra de Jesús llenarán el término con un contenido nuevo y específico.
4.     La armonía del Padre y el Hijo. La unión del Padre y el Hijo es el núcleo del mensaje en Juan. Lo que esto significa es que el Padre ama al Hijo (3:35). No se trata de un amor místico, sino que está relacionado con la obra que se le ha encargado al Hijo. Este amor tiene una base pretemporal e implica un conocerse y verse mutuamente. Es un «estar en», pero implica acción porque el Hijo dice y hace lo que el Padre quiere (5:19; 7:17–18). Las obras del Hijo son las obras del Padre (10:32, 37–38). La palabra es la palabra del Padre (14:24). Tanto las obras como la palabra dan testimonio del Enviador así como del Enviado (10:25). Una comunión del dar produce el acto de revelación y llega a su realización en la entrega que el Hijo hace de sí cuando acepta el cáliz que el Padre le da a beber (18:11) en una unión del amor del Padre (10:17) con la obediencia del Hijo (10:18). Sólo cuando la obra salvífica está hecha Jesús hace que el Padre sea, en verdadero sentido, el Padre de los discípulos también (20:17), ya que él es el único camino al Padre (14:6). El Paráclito realiza la nueva relación como un don que permanece (14:18ss), y los discípulos son introducidos a un paralelo conocer (10:14–15), amar (15:9–10), unión (14:20) y envío (17:18).
5.     El conflicto por la verdad del Padre. En Juan 2:16 Jesús acusa a los judíos de profanar la casa del Padre, pero el verdadero punto en discusión es la propia relación de Jesús con el Padre (5; 6; 8). Los oponentes tratan a Jesús como un simple hombre, y por lo tanto exigen una validación especial de su misión (6:42). Apelan a Dios como Padre de ellos (8:4), pero no logran reconocer al Padre y al Hijo (8:45ss). Sus actitudes y acciones muestran que, espiritualmente, su padre es el diablo (8:42). La batalla por la verdad de la paternidad se repite en la obra de «convencer» que efectúa el Paráclito (16:8ss, especialmente v. 10).
6.     El Padre y la oración. Al intensificarse el sufrimiento, Jesús se adentra cada vez más en la oración al Padre (11:41–42; 12:27ss). La singular forma misionera de la plegaria en 11:41–42 enuncia la meta de su vida. La oración de 12:27ss expresa conflicto, pero procura la glorificación de Dios en un cumplimiento de la misión. El dar por parte del Padre y la glorificación del Padre son los temas dominantes en el cap. 17. Los discípulos tienen acceso directo al Padre cuando apelan al Hijo y concuerdan con él (14:13; 16:23). El πατήρ absoluto es la meta de la oración cuando se adora en el Espíritu (4:21ss). La oración de los discípulos es el fruto de la obra de salvación del Hijo, ya completa.
III.     El Padre en los demás escritos apostólicos.
1.     El padre terrenal. Las instrucciones que se dan a los padres (varones) en Colosenses 3:18ss; Efesios 5:22ss, combinan elementos veterotestamentarios y judeohelenísticos pero les dan una hondura añadida con la referencia al Señor. La nueva relación de fe es el punto determinante. No se puede abusar del poder paterno, pero al Señor le agrada la obediencia, y hay que dar educación en el Señor. En Hebreos 12:4ss la disciplina es correcta, pero sólo en cuanto manifiesta una solicitud amorosa. En un matrimonio mixto, Pablo da el voto decisivo al cónyuge creyente, en la medida en que el otro cónyuge y los hijos quedan consagrados por la realidad superior de la fe. 1 Timoteo 5:1–2 manda que se respete a los ancianos como si fueran padres.
2.     Los hombres como padres en Pablo.
a.     Abraham. En Romanos 4:1 Abraham es padre como creyente, y esto quiere decir que todos los creyentes son hijos de él. Lo que cuenta no es el lazo de sangre sino una genealogía de la fe. Él es el padre de Israel sólo si Israel cree como él creyó.
b.     El apóstol. En sus relaciones con las iglesias, Pablo piensa en términos paternales. Se refiere al nacimiento en 1 Corintios 4:15. Timoteo y Tito son sus hijos (1 Co. 4:17; Tit. 1:4; cf. Marcos en 1 P. 5:13). El padre es diferente de otros maestros (1 Co. 4:15), aunque él es padre solamente en Cristo. No se trata de un título sino de una relación viva. Tanto el padre como el hijo sirven al mismo evangelio (cf. Fil. 2:22). Se describen acciones paternales en 1 Tesalonicenses 2:11ss. Si hay algún modelo, es el rabínico, no el del maestro de sabiduría ni el del mistagogo.
3.     Dios como Padre.
a.     El grito «Abba». Gálatas 4:6; Romanos 8:15; 1 Pedro 1:17 y el uso del Padrenuestro confirman la importancia de invocar a Dios como Padre. El grito «Abba» no es solamente litúrgico; es una obra del Espíritu de adopción. Las doxologías de Pablo muestran que se trata de una actitud permanente. La invocación implica seguridad de la filiación y de la herencia. Señala el fin del legalismo y de la servidumbre.
b.     El uso de πατήρ.
(a)     θεὸς πατήρ. Este giro figura en bendiciones, salutaciones y despedidas, p. ej. Gálatas 1:3; Romanos 1:7; Filipenses 1:2; Efesios 1:2; 6:23. Pero nunca figura en Pablo sin mención del κύριος. La omisión del artículo hace resaltar su efecto, y el leer las epístolas promueve su uso litúrgico. En 2 Pedro 1:17 (cf. Ignacio, Magnesios 3.1) tiene la fuerza de una formulación dogmática.
(b)     θεὸς ὁ πατήρ. Esta elevada frase confesional figura solamente en 1 Corintios 8:6.
(c)     ὁ θεὸς καὶ πατήρ. Esta es una fórmula de doxología y de acción de gracias en 1 Tesalonicenses y en Gálatas. Representa la actitud de oración en 1 Tesalonicenses 1:2–3, y está configurada por la petición inicial en 3:11. Se prefiere el καὶ cuando sigue un genitivo, e. d. «Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo». Aquí πατήρ τοῦ κυρίου define a θεός, aunque probablemente sólo «Padre» se relaciona con Cristo. Los enunciados en esta línea contienen alabanza al estilo de la oración (2 Co. 1:3; Ef. 1:3; 1 P. 1:3). Se añade una fuerza solemne en 2 Corintios 11:31. ὁ θεὸς καὶ πατήρ figura también en enunciados confesionales en 1 Corintios 15:24; Efesios 4:5–6, y en una admonición en Efesios 5:20. Frases distintivas son «Padre de misericordias» en 2 Corintios 1:3 y «Padre de la gloria» en Efesios 1:17. Esta última frase está en aposición con el inusitado «Dios de nuestro Señor Jesucristo».
(d)     ὁ πατήρ. En Pablo el absoluto figura en Colosenses y Efesios, cartas que por razones de polémica adoptan términos gnósticos. Colosenses 1:12–13 lo conecta con ὁ υἱός. Efesios 2:18 muestra semejanza con Juan, quien también parece estar en conflicto con el gnosticismo.
(e)     πατήρ, θεός, υἱός, κύριος. Pablo usa principalmente θεός, pero le da un contenido distintivo. Usa πατήρ en la oración, y lo conecta con θεός. θεός denota el poder de Dios y su gloria como Creador; πατήρ su gracia y su misericordia como Redentor. En 2 Corintios 1:3, «Padre de misericordia» interpreta θεός como «Dios del consuelo», mientras que en Efesios 1:17 πατήρ se define en términos de θεός como el Padre de la gloria. Pablo reserva κύριος para Jesús, y conecta υἱός con θεός y no con πατήρ, vinculando πατήρ con κύριος. Dios, como Padre de Jesús, es también el Padre de los creyentes. Las afirmaciones acerca del κύριος son más comunes que las afirmaciones acerca del υἱός, porque Pablo proclama lo que es dado por el Padre y el Señor.
c.     Contenido del concepto de Padre.
(a)     La paternidad como señorío. Lo que se dice acerca del Padre tiene que ver con la doxología, la oración y la confesión. Paternidad significa soberanía. Su voluntad domina la obra de la salvación (Gá. 1:4). Todo se lo debemos a su poder (Ef. 5:20). Su don es un llamado a la santificación (2 Co. 6:14ss). En la parusía compareceremos ante él como Juez (1 Ts. 3:13). Cuando somos redimidos, somos trasladados a su reino (Col. 1:12–13). Al final el reino será suyo (1 Co. 15:24ss). Que el Padre es también Rey se revela en el hecho de que él es el Padre del κύριος, quien es también Rey y Juez. El uso de Padre para Dios está dominado por la revelación en Cristo. No hay insinuación de diteísmo, sino que es el Señor quien hace posible la verdadera fe en el Padre.
(b)     El don de la gracia por medio del Padre. El Padre dispensa χάρις, ἀγάπη, ἔλεος, παράκλησις, εἰρήνη (2 Ts. 2:16–17; 2 Co. 1:3; 1 P. 1:3). Esta es una parte de la redención que está en marcha. La bendición cumple el designio de salvación (Ef. 1:3). El grito «Abba» se relaciona con el Padre como Dador de la salvación. El Espíritu nos hace hijos suyos (Ro. 8:14) y nos da acceso al Padre (Ef. 2:18). Amados en Dios Padre (Jud. 1), los creyentes están «en» Dios Padre por la fe.
d.     Influencias griegas.
(a)     La respuesta a la fe en el Padre de todos. En 1 Corintios 8:4ss la confesión del Padre se opone al politeísmo. Aquí τὰ πάντα se pone en el contexto bíblico de la creación. Dios es el autor de la creación, y por medio de Cristo la creación y la redención están conectadas. Pablo usa expresiones griegas, pero les da un nuevo sentido. En Efesios 2:18ss los santos, por medio del Espíritu, tienen derechos en la familia de Dios. El Padre de todos nosotros está encima de todos, por medio de todos y en todos. Aquí se mezclan frases veterotestamentarias y estoicas, pero las frases estoicas reciben un nuevo contenido con la referencia a la nueva unidad del pueblo redimido. Se pone en el foco una unidad dinámica por la fe en el Padre.
(b)     Excepciones. 1 Pedro 1:3 relaciona el «engendrar» con el Padre. Aquí el punto es que él ha efectuado la regeneración. Santiago 1:18 también relaciona la regeneración con el Padre, pero nuevamente con una referencia soteriológica. En el v. 17, «Padre de las luces» puede tener en mente a los astros (cf. Filón), pero la frase es incidental. Hebreos usa πατήρ escasamente, pero llama a Dios el «Padre de los espíritus» en 12:9 en lo que parece ser un uso cosmológico más general, antes que un uso soteriológico.
πατρῷος
1.     Esta palabra significa «lo que pertenece al padre o es heredado del padre».
2.     En la LXX y Josefo tiene el sentido especial de «lo que se deriva de los padres». Puede por tanto usarse respecto a la tradición o respecto a Dios.
3.     Josefo prefiere πάτριος en este sentido, p. ej. para las costumbres, la tradición, la tierra, el idioma, la constitución, y especialmente la ley.
4.     En el NT, Pablo en Hechos 22:3 dice que él fue educado en la ley de los padres, mientras que en 24:14 dice que adora al Dios de nuestros padres, y en 28:17 les dice a los judíos de Roma que él no ha hecho nada contra las costumbres de los padres.
πατριά
A.     Fuera del NT.
1.     Significado. Esta palabra, que denota derivación del padre, se usa para la casa familiar, la tribu, la raza, la nación, o más específicamente para el árbol genealógico.
2.     La LXX. La LXX usa el término frecuentemente para «el linaje», «el clan», y en plural, «las naciones» (Salmos y Jeremías). Figura en la expresión «casa paterna» y «jefes de casas paternas» (que se usa también para las clases levíticas en 1 Cr. 24:4).
B.     El NT.
1.     Para «casa paterna», πατριά figura en Lucas 2:4, donde se añade a «casa» para mostrar que la referencia es a la descendencia. En Hechos 3:25 el sentido es «naciones». Este versículo exhibe la influencia litúrgica de los Salmos con su uso misionero del término (cf. Sal. 96:7).
2.     En Efesios 3:14–15 se dice que toda familia recibe su nombre del Padre. El Padre no tiene πατριαί en el sentido estricto, pero el propio término πατριαί muestra que tienen su origen en Dios y están orientadas hacia él. Si se incluye el grupo familiar de la iglesia, también se tiene a la vista a Israel y las naciones. La πατριά celestial es más probablemente la de los ángeles que la de la comunidad perfeccionada, ya que en todas partes Efesios conecta el cielo con la tierra (cf. 1:10; 3:10). El texto no dice directamente que Dios sea el prototipo que se refleja en las πατριαί. La relación de Creador y criatura está en el trasfondo, aunque sólo en combinación con la redención. Las πατριαί son creadas por él, que es el Padre de Jesucristo. Dios no es el Padre primigenio de todas las cosas en el sentido griego, sino el Padre revelado en Cristo que está relacionado con las πατριαί en cuanto a tales.
ἀπάτωρ
A.     Fuera del NT.
1.     Seres humanos. Cuando se usa respecto a seres humanos, ἀπάτωρ puede significar «huérfano», «expósito», «bastardo», «de padres desiguales», «desheredado» o «de origen plebeyo o desconocido». En el judaísmo se dice que los paganos conversos son «sin padre», y el judaísmo aplica también el sentido de «sin apellido» a Ester, que en Ester 2:7 es una huérfana.
2.     Deidades. De deidades tales como Atenea, Hefesto y Afrodita se dice que son sin padre o sin madre. En las obras órficas, gnósticas y místicas, Dios no tiene padre. El punto es que no tiene origen, o es increado.
3.     La alegorización de Filón. Filón usa solamente ἀμήτωρ. Así Sara es el principio sin madre. Esta idea se basa en un juego de palabras alegorizante, y no da a entender una deificación, como tampoco cuando se dice que el sumo sacerdote es el λόγος divino, con Dios como padre y la σοφία como madre.
B.     El NT. El único caso en que figura esta palabra en el NT es en Hebreos 7:3. Allí se dice de Melquisedec que no tiene padre, ni madre, ni genealogía. El punto es que no encaja en la secuencia del sacerdocio levítico. Así como en Pablo la promesa precede a la ley, así en Hebreos este sacerdocio precede al sacerdocio levítico. De modo semejante, así como la referencia de la promesa es a Cristo, así la referencia del sacerdocio de Melquisedec es al sumo sacerdocio de Cristo.
πατρικός
1.     Esta palabra tiene el sentido de «paterno» o «paternal» con diversas referencias, p. ej. al gobierno, al mando, al afecto, etc. Se usa en la LXX con «casa», y τὸ πατρικόν denota «patrimonio». El helenismo judío prefiere πατρῷος a πατρικός al hablar de las leyes o costumbres de los padres.
2.     Hay una inclinación a usar el término para el padre de uno en particular. Los gnósticos lo remiten a los regenerados, y Clemente de Alejandría lo usa para la relación del Logos con el Padre (Stromateis 7.2.5.6).
3.     Ocasionalmente la referencia puede ser a los padres, como ocurre tal vez en 1 Crónicas 7:4 LXX y más claramente en Levítico 25:41 LXX.
4.     En Gálatas 1:14 πατρικός denota la herencia religiosa de la casa paterna (cf. Hch. 23:6; Fil. 3:5; 2 Ti. 1:3; Hch. 22:3; 26:5).

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