SACERDOCIO UNIVERSAL DEL CREYENTE
TERCERA PARTE
MOISÉS, PADRE DE MUCHOS, PADRE DE
POCOS.
Existe una lista muy digna de
tomar en cuenta, entre los profetas hebreos del AT, en los cuales podríamos
analizar, en perspectiva, la cuestión del sacerdocio familiar.
Pero nos toca dar un vistazo a la vida de Moisés, contrapuesto en dos
caras de una moneda. Primero como persona y padre de familia, y segundo como
padre de una nación en proceso, Israel.
Adjunto a esto, un análisis breve de la institucionalización del
Sacerdocio Aarónico, y levítico; tomando en cuenta sus alcances, observados en
su horizonte histórico, y comparado con el sacerdocio del NT.
Éxodo 2.1-10,[1]
narran el nacimiento[2]
de Moisés, y rescate de morir ahogado en el rio Nilo, es decir, la biblia desde
los inicios señala la forma especial que Dios protege a este niño. Se le nombra
Moisés.[3]
Los autores John W.
Haley, y Santiago Escuain en un famoso Diccionario[4]
explican lo siguiente:
“El nombre «Moisés»
[Heb., «Mosheh»] parece estar derivado del verbo hebreo mäshäh, «sacar
fuera». Sin embargo, se presenta la objeción de que una princesa egipcia no
hubiera dado un nombre hebreo a su hijo adoptado; por ello «Moisés», a
pesar de la declaración del escritor sagrado, debe ser un nombre egipcio.
Hävernick, Kurtz y el Deán Stanley consideran el nombre como una palabra
extranjera hebraizada. Los judíos de Alejandría, junto con Josefo y Filón,
atribuían al nombre un origen egipcio, con una inflexión griega. Pero el
canónigo Cook, en su valiosa obra Essay on Egyptian Words in the Pentateuch,
señala la existencia de una palabra egipcia que coincide, en sonido y en
sentido, con el verbo hebreo arriba mencionado. Este término egipcio «se
corresponde en forma al hebreo, letra por letra», y denota primariamente «sacar
fuera».
De la misma forma, John D. Hannah, profesor de Teología Histórica del Seminario Teológico de Dallas, expone:
“La noticia del nacimiento de Moisés se comenta brevemente.
Es obvio que el decreto del faraón (1:16, 22)
ponía en riesgo
la vida de
Moisés. Los nombres de los padres de Moisés no
se dan aquí, pero
en 6:20 vemos que su padre fue Amram y
su madre fue Jocabed, tía
de Amram… suponiendo que el
éxodo ocurrió
en 1446
y que Moisés tenía 80 años para
entonces (7:7),
por consiguiente nació en 1526 a.C., al
principio del
reinado de Tutmosis I (1526–1512) o al final
del reinado de
Amenhotep I (1545–1526)”. Y luego añade:
“El hijo era hermoso (v. 2), es decir, bello y saludable.
Esteban dijo que Moisés “no era un niño
ordinario” (Hch. 7:20);
el escritor de Hebreos también expresó algo
similar
(Heb. 11:23).
Actuando por fe en la capacidad de Dios de
resolver su
problema, los padres de Moisés lo tuvieron
escondido, sin
temer el edicto del rey”.[5]
Moisés predomina en las narraciones (Ex.2-Dt.34), de hecho, se
desarrolla en todo el AT, y es presentado como precursor de Israel, y portavoz
de la ley. Con toda razón algunos escritores como William Sanford Lasor y otros
comentan:
“Si se borra a
Moisés de las tradiciones, por
considerarlo
carente de historicidad o como
una adición
posterior, la religión y hasta la
existencia misma
de Israel se vuelven
inexplicables”.[6]
Para entender a Moisés como sacerdote de sus dos familias, (como lo
miramos nosotros) tenemos que contemplar los hechos de su vida en tres etapas,
y así, nos facilitaría mucho entender el proceso tan largo al que este hombre
fue sometido por Dios.
ü el periodo que vivió en Egipto
ü el periodo en el desierto
ü periodo en las peregrinaciones en el desierto
Moisés, en sus inicios era un típico príncipe de Egipto, en el mejor
sentido de la palabra.[7]
Por ejemplo, comenta Montet refiriéndose a los palacios en su área interior, en
época del Ramsés:
“La decoración interior de la sala del trono
parece haber sido austera, a juzgar por las láminas esmaltadas descubiertas
hace más de treinta años y los fragmentos de bajo relieves descubiertos
recientemente por la misión norteamericana. El rey está representado en todas
partes de pie en forma de esfinge y por sus nombres jeroglíficos. Los enemigos
de Egipto se hallan maniatados ante él. Visten ricas vestimentas bordadas con
adornos bárbaros, y se ha tenido gran cuidado en representar exactamente su
fisonomía, el tocado, sus alhajas. Los libios están tatuados. Los negros llevan
zarcillos. Los sirios lucen una medalla colgando del cuello. Los nómadas chasus
sujetan con un peine sus largas cabelleras echadas para atrás”[8]
Y continúa:
“Los pavimentos de las salas de columnas
representan un estanque de peces, cubierto de nenúfares, sobre el que vuelan
pájaros acuáticos, rodeado de cañas y papiros. En medio de bosquecillos saltan
terneros, y hacen levantar vuelo a los patos silvestres. En los fustes de las
columnas se enroscan las cepas y las enredaderas. Los capiteles y las cornisas
estaban realzados de incrustaciones brillantes. En las paredes estaban pintadas
escenas de la vida familiar. El rey y la reina están sentados uno frente a otro,
Akhenatón en una butaca, Nefertity en un almohadón. Tienen un crío en las
rodillas; la mayor de las princesas rodea con los brazos el cuello de la menor.
Otras dos princesitas juegan en el suelo”. [9]
Del mismo modo, Montet destaca
apuntando:
“No tememos afirmar que los palacios del Faraón
en las dinastías XIX y XX estaban siempre decorados con el mismo lujo. Como en
los tiempos de Akhenatón, las paredes, los techos, los pavimentos, las columnas
y las cornisas pintados con brillantes colores eran una alegría para la vista y
para el espíritu. La riqueza del mobiliario, el lujo de los adornos y de los
vestidos completaban un conjunto de extrema distinción”.[10]
Lo sobredicho, nos transporta al mundo lujoso y
opulento, de los Ramsés.[11]
La personalidad de Moisés fue transformada en estas tres etapas, y su
forma de ver a Dios, o idea de ver a Dios es sorprendente. Es por su medio que
por primera vez, con una claridad más allá, de los relatos patriarcales, desde
Adán hasta Jacob, se nos presenta, un rostro muy claro de los deseos de Dios
por acercarse a la humanidad.
Toda la teología de Moisés gira alrededor de la voluntad de Dios y sus
propósitos,[12] y su duda, abundan las enseñanzas prácticas
en todas las páginas de la biblia que reseñan a este hombre de Dios.[13]
En el periodo de Moisés en el desierto él había escapado, fugado entró
a tierra madianita, allí, formó su
familia, sumido completamente en una vida pastoril, con su suegro; donde poco a
poco se adaptó a la vida en lo desértico , tal vez, tuvo un tiempo de
introspección profunda. Al punto que luego, recibió el llamamiento claro de
parte de Dios de cara a la zarza, para después ocupar el trabajo de libertador
de Israel.
Igualmente, en la peregrinación en el desierto, Moisés fue usado como
por la mano de Dios, abriendo el Mar Rojo, cargar con la Ley, enseñándola y
preparando al pueblo, y por desdicha en un momento de debilidad, cae en un
pecado de intolerancia y soberbia, malogrando el beneficio de ingresar a la
tierra prometida, camina por los llanos de Moab, y por último Dios lo lleva a
su hogar celestial.
Por otra parte, insertamos nuevamente unas letras de Montet con
respecto al trato de los hijos por parte de los faraones:
“Akhenatón y la reina Nefertity se hacen
acompañar por las princesas en sus salidas. Si permanecen en palacio, las
princesas se quedan al lado de ellos, no sólo en las horas de solaz, sino
también cuando se ocupan de asuntos del Estado. Trepan a las rodillas del rey o
de la reina, y no temen acariciarles la barbilla. Las mayores toman parte en la
entrega de condecoraciones. Sedientos de ternura, los dichosos padres estrechan
a los pequeñuelos en sus brazos y se los comen a besos.[14]
El propio Ramsés II se sentía bastante orgulloso de sus ciento sesenta y tantos
hijos. Estrabón nota asombrado que una costumbre especial de los egipcios, a la
que tienen mucho apego, consiste en criar a todos los hijos que les nacen”[15]
Apoyándonos, en lo anterior podemos pensar que en sus primeros 40 años
Moisés tuvo la oportunidad de tener padres, o por lo menos una madrastra,
(hermana de Faraón) tierna y amorosa.
Este aspecto, sumado a la transformación que experimentó, frente a la
zarza, y en contacto con Dios, nos hace pensar que Moisés pudo ser un padre
amante de su prole.
No tenemos mucha información de Moisés y su familia, y sus relaciones
intrafamiliares; en Ex. 4.20 reseña:
“Tomó, pues, Moisés a su mujer y sus hijos, los
montó sobre el asno, y regresó a la tierra de Egipto. Y tomó Moisés la vara de
Dios en su mano”.
No nos dice mayor asunto, por esto, es difícil detectar el tema.
Ahora, inclinándonos más hacia el tema del sacerdocio, salta una interrogante
¿qué idea del sacerdocio tenía Moisés antes de la institución de la ley? La
respuesta se encuentra, contenía en sus primeros 40 años, y en los otros 40
años en el desierto donde el suegro de Moisés “cuidaba las ovejas de su suegro
Jetró, que era sacerdote de Madián”. De modo que, estas dos cosmovisiones de
Moisés antes de iniciar su llamamiento a liberar a Israel y de conocer los
mandamientos de la Ley, que le fue dada posteriormente.
Siendo que los faraones siempre
fueron promotores del sacerdocio que ocupaban, no a pocos individuos y también,
sus no pocos dioses egipcios, esa cosmovisión sacerdotal egipcia en épocas
faraónicas mantenía una actividad en los templos, que a nuestro parecer, no le
fue ajeno a Moisés desde su juventud.
Por ejemplo, el trabajo
sacerdotal, el culto a los dioses, los eventos llamados “la salida del dios”,
la fiesta de Opet, la del valle, los misterios, y algo llamado “la casa de la
vida”, fueron contemporáneos y muy propios de la vida cotidiana de un príncipe
faraónico, tal como Moisés lo fue. Daremos una ojeada a dos aspectos
importantes en la vida de Moisès: “la casta o clero egipcio y los aspectos
culticos”. Esto con la intensión de
aproximarnos un poco a aquello que potencialmente fue usual para Moisés.
Sabemos que cada templo egipcio en sí mismo era una pequeña ciudad que
abrigaba policías, artesanos, funcionarios, y campesinos que labraban la
tierra, que aunque vivían en el templo, no dependían del templo, ni eran religiosos. Los que sí vivían del templo
eran los “uabu”, los puros, a los It neter, padres divinos, al servidor divino,
hemneter, al hombre del rollo, kheryhebet, que custodiaba el programa de
ceremonia en un pergamino, a los miembros del unuyt, colegio compuesto de doce
personas, pues la palabra egipcia unut significa hora. Estos últimos se
turnaban cada hora para asegura el día y la noche, algo como una especie de
perpetua adoración. En muchos de los templos. Por ejemplo, en la ciudad de
Tebas, el clero de Amón los precedían cuatro:
·
El primer
servidor divino, a pesar de la simplicidad de su título, era uno de los más
grandes personajes de Egipto
·
En On, el jefe
del clero de Tum se llamaba el gran vidente, ur ma el de Ptah
·
En Menfis, el
jefe de los artistas
·
en Chmunu, el
grande de los cinco era el jefe del templo de Thot.
Sea cual sea el nombre, los sacerdotes
tienden, a distinguirse de la masa de los ciudadanos. Desdeñan la bata con
pliegues y mangas y han adoptado un amplio taparrabo. Llevan desnudo el torso.
Se afeitan la barba, el bigote y los cabellos.
Todo templo poseía un cuerpo de cantantes,
cuyo oficio consistía en cantar agitando el sistro o los crótalos durante las
ceremonias. Esas mujeres no vivían en el templo, sino con su familia, pues su
función sólo exigía su presencia ciertos días, a ciertas horas.
Al contrario, las mujeres que componían el khenerit
habían de residir en el templo, pues la palabra khener tanto designa
una prisión como las partes más cerradas de un templo o de un palacio. Las
superioras de éstas se llamaban la mujer divina del dios, la divina mano, o la
divina adoratriz.
A veces se ha supuesto que las mujeres de ese
harén divino constituían un colegio de cortesanas sagradas como el que existía
en Biblos, ciudad muy impregnada de civilización egipcia. No está probado que
semejante institución haya existido en Egipto.
A la verdad, las cantantes de Amón eran a
veces de costumbres poco ariscas y concurrían a lugares bastante malos. Pero
sin duda no sería razonable juzgar según el único ejemplar conservado en un
papiro de Turín,[16] a todas
las músicas de Amón.
Del mismo modo, los asuntos de “culto”
se oficiaban en cada templo de Egipto, en nombre del rey y con su
patrocinio. De hecho, no se hacía en público, pues, se tenía que hacer “en la
oscuridad del santo de los santos”.
El sacerdote calificado se purificaba
primeramente en la casa de la mañana. Tomaba el incensario, lo encendía y luego
se adelantaba hacia el santuario purificando con el olor del terebinto los
lugares intermedios. El naos que contenía la estatua de madera dorada del dios
o de la diosa estaba cerrado.
El sacerdote rompe el sello de arcilla, suelta
el cerrojo y abriendo la puerta de par en par hace aparecer la imagen divina.
Se prosterna, esparce ungüentos sobre la estatua, la inciensa y recita himnos
de adoración.
Hasta ese momento la estatua era un objeto
inanimado. El sacerdote le devolverá la vida presentándole sucesivamente el ojo
arrancado a Horus por su enemigo Seth y encontrado por los dioses, y una
estatuilla de Maat, la Verdad, hija de Ra. Luego sacan al dios de su nao. El
oficiante procede a su tocado, como si fuera el tocado del rey. Lo lava, lo
inciensa, lo viste, lo perfuma, vuelve a colocarlo en el naos y le pone por
delante los elementos de una comida que luego la consumía enteramente el fuego.
Después de las últimas purificaciones con
natrón, agua y terebinto, terminaba el culto. No hay más que cerrar el naos,
echar el cerrojo y sellar. El sacerdote se retira retrocediendo y borrando la
huella de sus pasos.[17]
[1]
La narración de estos hechos relacionados con Moisés son citados en Hch.
7.20-44. Un cuadro comparativo de los hechos mencionados por Esteban son muy
bien presentados en Wood, G. O. (2006). Acts: The Holy Spirit at work in believers : An independent-study
textbook (Second
Edition.). Springfield, MO: Global University. Pág. 111.
[2]
Para una consulta de carácter narrativo consulte Freedman, D. N. (1996, c1992).
The Anchor Yale Bible
Dictionary. New
York: Doubleday. Vol. 2, Pág. 693; Kratz, R. G., & Bowden, J. (2005). The
composition of the narrative books of the Old Testament. London; New
York, NY: T&T Clark. Pág. 281. Otras obras relacionadas: Gaebelein, A. C.
(2009). The Annotated
Bible, Volume 1: Genesis to Deuteronomy. Bellingham, WA: Logos Research Systems, Inc.
Pág. 114; carácter lingüístico Gibson, A. (2001). Biblical semantic logic :
A preliminary analysis. Sheffield, England: Sheffield Academic Press. Pág.
114-148; para panorama global analítico Gaebelein, A. C. (2009). The book of
Exodus: A Complete Analysis of Exodus with Annotations. Bellingham, WA:
Logos Research Systems, Inc. Pág. 10; para critica textual Lange, J. P., Schaff, P., & Mead, C. M.
(2008). A commentary on the Holy Scriptures : Exodus. Bellingham, WA:
Logos Research Systems, Inc. Pág. 4-5.
[3]
Bastas discusiones han existido por el origen claro del nombre “Moisés”,
Gesenius, W., & Tregelles, S. P. (2003). Gesenius' Hebrew and Chaldee lexicon to the Old
Testament Scriptures.
Bellingham, WA: Logos Research Systems, Inc. Pág. 514; Harris, R. L., Harris,
R. L., Archer, G. L., & Waltke, B. K. (1999, c1980). Theological
Wordbook of the Old Testament (electronic ed.). Chicago: Moody Press. Pág.
530.
[4]
Escuain, S. H., John W. (1988). Diccionario de dificultades y aparentes
contradicciones bı́blicas. 08224 TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE. Pág.
392.
[5]
Walvoord, J. F., & Zuck, R. B. (1996). El conocimiento bíblico, un
comentario expositivo: Antiguo Testamento, tomo 1: Génesis-Números.
Puebla, México: Ediciones Las Américas, A.C. Pág. 127.
[6]
LaSor, W. S., Hubbard, D. A., & Bush, F. W. (2004). Panorama del Antiguo
Testamento: Mensaje, forma y trasfondo del Antiguo Testamento. Grand Rapids
MI: Libros Desafío. Pág. 132.
[7]
Un libro muy revelador del autor Pierre
Montet, (1964). La vida cotidiana
en Egipto en tiempos de los Ramsés (siglos XIII-XII a. C) Argentina, Buenos Aires: Librería Hachette S. A.
[8]
Ann. S. A. E.: Annales du Service des Antiquités de l'Egypte, 39 vol.,
El Cairo, 1900-1939.
[10]
Pierre Montet, (1964). La vida
cotidiana en Egipto en tiempos de los Ramsés (siglos
XIII-XII a. C) Argentina, Buenos Aires: Librería
Hachette S. A. Pág. 14.
[11]
Una tabla cronológica nos ayuda mucho, para ello consulte Douglas, J. (2000). Nuevo
diccionario Biblico : Primera Edición (electronic ed.). Miami: Sociedades
Biblicas Unidas. Cronología del Antiguo Testamento.
[12]
Yates, K. M., & Corona, S. (2002). Los profetas del Antiguo Testamento.
El Paso, TX: Casa Bautista De Publicaciones. Pág. 19.
[13]
Para una visión práctica integral del libro de Éxodo consulte Wilkinson, B.,
& Boa, K. (1983). Talk thru the Bible. Nashville: T. Nelson. Pág.
12.
[14]
Bull. I. F. A. O.: Bulletin de l'Instituí français d'Archéologie oriéntale
du Caire, 38 vol., El Cairo, desde 1901.
[15]
Ídem. Pág. 38.
[16]
Descubierto por Peyte et Rossi, Les papyrus hiératiques de Turin. Museo de
Turin. Italia
[17]
Se conoce el ritual por tres papiros del museo de Berlín y los bajo relieves
del templo de Abidos. Moret, Le rituel du culte divin journalier en Égypte, París,
1902.