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lunes, 14 de mayo de 2012

ANÁLISIS DE RIGOR CUANDO LOS ESCRITORES


REVISEMOS ESAS CITAS CON MAYOR DETALLE

Siendo las referencias (citas) un medio utilizado en muchas ocasiones por los autores del Nuevo Testamento en particular, nos introduce de lleno en el problema de las citas del A. T. Es un hecho que existen variaciones en esas citas. Las diferencias se deben a que, en la mayoría de los casos, las citas del N. T., se toman de la versión de los LXX; a veces, se toman directamente del hebreo; y algunas veces, se diferencian de ambos textos. Ello se debe a que no todas son propiamente citas literales; no faltan las meras alusiones, y en algunos lugares se usan citas combinadas de varias porciones. De ahí la dificultad de elaborar una lista exacta de tales citas.

Suele admitirse que en el N. T., según el recuento de Spearman, hay 189 pasajes citados del A. T. De ellos, 105 están de acuerdo con la versión de los LXX, 21 con el texto hebreo, 45 que difieren de ambos, y 18 que son neutrales. Pueden verse en la siguiente tabla:

No. de citas en
Total
De los LXX
Del hebreo
Dif. de ambos
Neutrales
Mateo
38
25
4
8
1
Marcos
3
1
2
Lucas
5
3
2
Juan
11
3
2
5
1
Hechos
19
11
1
7
Romanos
51
30
4
5
12
1 Corintios
11
4
2
5
2 Corintios
8
4
1
1
2
Gálatas
4
3
1
Efesios
2
1
1
Hebreos
22
15
3
4
1 Pedro
7
6
1
Judas
1
1
Apocalipsis
7
2
2
3
Totales
189
105
21
44
19



Las dificultades en esta materia han surgido por no haberse percatado muchos críticos de que la Biblia tiene un solo Autor principal, no obstante la multiplicidad de autores humanos, secundarios. Nuestros estudios quedarían incompletos si no observásemos el modo como el Espíritu Santo cita en el N. T., las Escrituras del A. T.



VÉANSE LOS SIGUIENTES EJEMPLOS:



v  Mt. 15:4. Con referencia a Ex. 20:12, nuestro Señor dice: “Porque Dios mando diciendo, etc.”

v  Mr. 12:36. «David mismo dijo, movido por el Espíritu Santo.» Con esto se nos introduce una cita de Sal. 110:1.



v  Hch. 1:16. Pedro, citando de Sal. 41:9 (BH, 10), dice: «Era menester que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David…»



v  Hch. 3:18. Refiriéndose a las profecías del A. T. acerca de Cristo, dice Pedro: «Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos los profetas, que su Cristo había de padecer.»

v  Hch. 28:25. Pablo, citando Is. 6:9, exclama: «Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres.»

v  Heb. 3:7. Delante de una cita del Sal. 95:7–11, leemos: «Por lo cual, como dice el Espíritu Santo…» No: como dice el salmista.

v  Heb. 9:8. Con referencia a Ex. caps. 25 al 40, leemos: «Dando a entender con esto el Espíritu Santo…»

v  Heb. 10:15. Citando de Jer 31:33, 34, dice el escritor sagrado: «Y nos da testimonio también el Espíritu Santo…»





LOS PASAJES DEL A. T. SON INTRODUCIDOS DE DIVERSAS MANERAS:



v  gégraptai Γέγραπται = «Está escrito» (Mt. 4:4–10; Lc. 4:4, 8; Rom. 1:17; 3:4, 10; 10:15; 1 Cor. 1:19, 31; 1 P. 1:16, etc.

v  Légei gar he graphé λέγει γὰρ ἡ γραφὴ = «Pues dice la Escritura» (Rom. 9:17,—de Ex. 9:16—; Rom. 10:11—de Is. 28:16—1 Ti. 5:18—de Dt 25:4—).

v  Ho nómos τῷ νόμῳ = «La ley». Jn. 15:25 pone de relieve, sobre la base de Sal. 35:19; 69:4 (BH, 5), que las Sagradas Escrituras del A. T., vistas como un todo, constituían la Ley de Israel, como lo prueba el pronombre «su» (de ellos). Jn. 10:34 (de Sal. 82:6) está escrito en Ex. 21:6; 22:8, 9 (BH, 7, 8). Y 1 Cor. 14:21 (de Is. 28:11, 12) hace referencia a Dt 28:49. De este modo, la referencia es tomada, no sólo del pasaje que se cita, sino de un pasaje anterior en el que tenía su origen.  



Siendo, pues, libre y soberano el Espíritu Santo en el modo de citar las Escrituras, y no siendo susceptible de error, es de todo punto necesario investigar las diferencias en tales citas, a fin de que podamos atisbar no sólo lo que puede ser una especie de comentario divino sobre las verdades antiguamente reveladas, sino también lo que es una revelación que se nos hace de nuevas verdades.



I. EN CUANTO A SU FORMA INTERNA (ES DECIR, EL SENTIDO COMO DISTINTO DE LA FRASEOLOGÍA), SE SUBDIVIDE EN TRES CLASES:

     1.     Cuando se preserva el sentido intentado originalmente.

     2.     Cuando el sentido original aparece modificado.

     3.     Cuando el sentido aparece acomodado (acomodación).







II. EN CUANTO A LA FORMA EXTERNA (LAS PALABRAS COMO DISTINTAS DEL SENTIDO), SE SUBDIVIDE EN CINCO CLASES; LA TERCERA DE ELLAS SE VUELVE A SUBDIVIDIR:



     1.     Cuando las palabras citadas son las mismas del texto hebreo o de los LXX.

     2.     Cuando las palabras varían, ya sea por omisión, posición o adición.

     3.     Cuando las palabras experimentan un cambio, ya sea:

(a)     por diferente lectura;

(b)     por una inferencia;

(c)     por diferente número gramatical;

(d)     por diferente persona;

(e)     por diferente modo o tiempo.



     4.     Cuando se amalgaman varias citas (cita compuesta).

     5.     Cuando las citas se extraen de libros que no figuran en la Biblia.



A.    EN CUANTO A LA FORMA INTERNA

Antes de pasar al estudio de estas citas, bueno será tener en cuenta dos importantes advertencias:



a.      De algunas citas leemos que «fue dicho»; en otras, que «está escrito». Hay profecías que fueron escritas, pero no fueron habladas; otras fueron primero dichas de palabra y consignadas después por escrito; finalmente, otras fueron habladas, pero nunca fueron escritas.

b.      Cuando leemos «fue dicho», quizá no lo hallemos escrito en ninguna parte de la Biblia; pero si leemos que «está escrito», es seguro que lo podemos hallar en alguna parte de la Escritura.

c.       Cuando las citas son proféticas, hemos de tener en cuenta que la profecía es un oráculo del Dios eterno, que era, es y será.

1. CUANDO SE PRESERVA EL SENTIDO INTENTADO ORIGINALMENTE.



Mt. 1:23. «He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarán su nombre Emanuel.» Esta profecía fue dicha de palabra por Isaías a Acaz, y puesta después por escrito (Is. 7:13–14). Tenía una primera referencia al rey Acaz y a las circunstancias a la sazón existentes, pero tuvo un ulterior cumplimiento con referencia a un hecho que el profeta no entendía, pero Dios lo había previsto y ordenado que se cumpliera plenamente en Jesús. El sentido pleno de la profecía, en la mente de Dios, era que una virgen futura concebiría milagrosamente y dio a luz normalmente a un niño a quien pusieron el nombre de Emanuel («Dios con nosotros»), en señal, de que la liberación prometida al rey Acaz se llevaría a cabo «antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno», es decir, dentro del término de unos siete años. Por consiguiente, el sentido original, intentado por el Espíritu Santo, no fue cambiado al cumplirse plenamente en Mt. 1:23, sino que hubo un hecho anterior en el que se cumplió parcialmente.



ü  Mt. 2:6. Es una cita de Miq. 5:2 (BH, 1). Como en la profecía anterior, las palabras difieren del texto hebreo y del de los LXX, pero el sentido original es preservado.

ü  Mt. 11:10; Mr. 1:2, etc. Es cita de Mal. 3:1; el mismo caso que las anteriores.

ü  Mt. 12:17, etc. Tomado de Is. 42:1–4. Las palabras difieren de la versión de los LXX, pero se preserva el sentido original.

ü  Mt. 13:14–15 (Mr. 4:12; Lc. 8:10; Jn. 12:40; Hch. 28:26–27). Cita de Is. 6:9–10, de acuerdo con los LXX.

ü  Mt. 21:5 (Jn. 12:14–15). Cita de Is. 62:11 y Zac. 9:9, de acuerdo con los LXX. Lo mismo, en Mt. 21:16 (de Sal. 8:2—BH, 3).

ü  Mt. 21:42 (Mr. 12:10; Hch. 4:11; 1 P. 2:7). Cita de Sal. 118:22–23, de acuerdo con los LXX. Lo mismo, en la cita de Sal. 110:1, que hallamos en Mt. 22:44; Mr. 12:36; Lc. 20:42–43; Hch. 2:34–35; 1 Cor. 15:25 y Heb. 1:13.

ü  Mt. 26:31. Cita de Zac. 13:7. Aunque las palabras difieren, tanto del texto hebreo corno del de los LXX, el sentido original es preservado.

ü  Mt. 27:35 (Jn. 19:24). Cita de Sal. 22:18 (BH, 19), según los LXX.

ü  Lc. 4:18, 21. Cita de Is. 61:1–2. Se conserva el sentido original, a pesar de que las palabras difieren del texto hebreo y del de los LXX.

ü  Jn. 19:37. Cita de Zac. 12:10. Varían las palabras con respecto a los LXX, pero el sentido es el mismo.

ü  Hch. 3:22, 23. Tomado de Dt 18:15–19, según los LXX. Lo mismo, en 13:33, cita de Sal. 2:7.

ü  Hch. 15:16–17. Cita de Am. 9:11–12. El sentido se preserva, aunque las palabras difieren del texto hebreo y de los LXX.

ü  Rom. 14:11. Cita de Is. 45:23. El mismo caso que el anterior.

ü  Rom. 15:13. Cita de Sal. 69:9 (BH, 10), de acuerdo con los LXX. Lo mismo, en el v. 12, cita de Is. 11:1, 10.

ü  Ef. 4:8. Cita de Sal. 68:18 (BH, 19). Se conserva el sentido, aunque las palabras difieren del texto hebreo y de los LXX.

ü  Heb. 1:8–9. Cita de Sal. 45:6–7 (BH, 7–8), conforme a los LXX. Lo mismo, en vv. 10–13, tomado de Sal. 102:25 (BH, 26), y en 5:6; 7:17, tomados de Sal. 110:4.

ü  Heb. 10:5–6. Cita de Sal. 40:6–9, conforme a los LXX. Las palabras difieren del texto hebreo, pero el objetivo es el mismo.

ü  1 P. 2:6. Cita de Is. 28:16, conforme a los LXX.



2. CUANDO EL SENTIDO ORIGINAL ES MODIFICADO EN LA REFERENCIA.



ü  Mt. 12:40. Donde, en la referencia a Jon 1:17 (BH, 2:1), las palabras se usan con una aplicación nueva, diferente.

ü  Jn. 3:14–15. Aquí, las palabras referentes a la serpiente de bronce, aunque no son citadas, son modificadas en su nueva aplicación.

ü  Jn. 19:36. Aquí, lo que se dice del cordero pascual (Ex. 12:46) es modificado y aplicado a Cristo (v. 1 Cor. 5:7).

ü  Ef. 5:31–32, donde, en referencia a Gen. 2:23–24, las palabras se usan con una nueva aplicación.



3. CUANDO EL SENTIDO ES ACOMODADO, SIENDO TOTALMENTE DIFERENTE DEL INTENTADO EN EL LUGAR CITADO.



ü  Mt. 2:15. Está tomado del texto hebreo de Os 11:1 (distinto del de los LXX), y en él se aplica a Cristo lo que Oseas dice de Israel.

ü  Mt. 2:17–18. Está tomado de Jer 31:15. Además de diferir del hebreo y de los LXX, el sentido es acomodado a las nuevas circunstancias.

ü  Mt. 8:17. Tomado de Is. 53:4, conforme al texto hebreo, distinto del de los LXX. El sentido es acomodado, pues mientras en Is. 53:4 el sentido pleno se refiere a nuestras enfermedades espirituales y pecados, como puede verse por 1 P. 2:24–25, el Espíritu Santo lo usa en otras circunstancias, acomodándolo a las enfermedades físicas que Cristo curaba (v. Mt. 8:16).

ü  Mt. 13:35. Citado de Sal. 78:12, pero el sentido en que Jesús dijo esas palabras es diferente del sentido del salmo, pues éste se refiere a la historia pasada de Israel, mientras que el Espíritu Santo las acomoda a las circunstancias del tiempo en que Jesús hablaba. Se habla ahí de que se «cumplía lo dicho por medio del profeta», ya que, aunque éste no comprendía el uso que había de hacerse de sus palabras, el Espíritu Santo, que hablaba «por medio de él», sí lo sabía de antemano. Las palabras difieren del hebreo y de los LXX, y son acomodadas por el Espíritu Santo para significar los «misterios» del reino al que Cristo se había referido en las parábolas del capítulo.

ü  Mt. 15:8–9. Cita de Is. 29:13 según los LXX, pero acomodadas a circunstancias diferentes.

ü  Mt. 27:9–10. Aunque nuestras versiones citan, en la columna de las referencias, Zac. 11:13, el texto varía no sólo del hebreo y de los LXX, sino del sentido que la profecía de Zacarías tiene. Sobre la dificultad que esta cita ofrece, se han propuesto numerosas soluciones con mayor o menor acierto, pero quizá la solución más satisfactoria se halle en que el texto sagrado no dice que «se cumplió lo escrito», sino «lo dicho», y precisamente «por medio del profeta Jeremías», no de «Zacarías». Cierto que Zacarías bien pudo haber recogido palabras de Jeremías.

ü  Hch. 13:40–41. Citado de Hab. 1:5, conforme a los LXX, pero acomodado a otras circunstancias y con referencia a los romanos, no a los caldeos.

ü  Rom. 9:27–28. Citado de Is. 10:22–23 y ajustado casi del todo a los LXX. El v. 29 es una cita de Is. 1:9, de acuerdo con los LXX.

ü  Rom. 10:6–8. Es una cita de Dt 30:12–14, curiosamente acomodada por el Espíritu Santo, mediante la pluma de Pablo, a circunstancias del todo diferentes, pues lo que Dt dice de la Ley (v. el contexto), Rom. lo aplica a la «justicia que procede de la fe», no a la «justicia que es por la ley». Además, los vv. 6 y 8 están de acuerdo con los LXX, pero el v. 7 se aparta de él.

ü  1 Cor. 1:19–20. Es cita de Is. 29:14 y 33:18. Difiere de los LXX y es acomodado a otras circunstancias.

ü  1 Cor. 10:6, 11, donde se dice que esas cosas les acontecieron «como ejemplo». Los hechos que se citan son acomodados a nuestros pecados y enfermedades.

ü  Ap. 1:7. Aquí hay una alusión a Zac. 12:10.

ü  Ap. 1:17. Aquí se alude a Is. 41:4 y 44:6, pero difiere de los LXX.

ü  Ap. 11:4. Tomado de Zac. 4:14. Difiere del texto hebreo y de los LXX, y es acomodado a diferentes circunstancias.



B.    EN CUANTO A LA FORMA EXTERNA

1. CUANDO LAS PALABRAS SE TOMAN, YA DEL HEBREO, YA DE LOS LXX.



ü  Mt. 2:15, de Os 11:1; Mt. 2:6, de Miq. 5:2 (BH, 1); Mt. 12:18–21, de Is. 42:1–4. Éstos y otros pasajes son del hebreo, no de los LXX.

ü  Lc. 4:18, citado de Is. 6:1–2, conforme a los LXX. Ya hemos aludido a este lugar en cuanto a la preservación del sentido original, pero lo repetimos porque varían las palabras: «El Espíritu del Señor está sobre mí, por lo cual me ungió para evangelizar (lit.) a los pobres. Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a proclamar liberación a los cautivos, y recuperación de la vista a los ciegos.» Hasta aquí tenemos las palabras de los LXX. La última frase «y recuperación de la vista a los ciegos» no está en el texto hebreo, mientras que la última frase del texto hebreo no está en los LXX. Pero las dos palabras, en el hebreo, contienen ambos sentidos. Paqaj significa simplemente «abrir»; se aplica una vez a los oídos (Is. 42:20) y, con mucha frecuencia, a los ojos (2 R. 4:35; 6:17, 20; 19:16; Job 27:19; Prov. 20:13; Is. 42:7; Jer 32:19; Dan. 9:18). Así, pues, la primera palabra significa «abrir los ojos a alguien»; la otra palabra significa «prisión». Así que, en la lectura, el sentido de la primera palabra es extendido y se nos da en las palabras de Is. 42:7, mientras que el de la segunda palabra es extendido y nos es dado en las palabras de Is. 58:6, de forma que juntando las dos palabras nos dan el sentido de que los ojos de los cautivos serían abiertos al ser liberados de las tinieblas de la prisión. La explicación está en el hecho de que los párpados eran llamados «las puertas» de los ojos (hebr. ʿaphaʿapáyim), como puede verse en Job 16:16; Sal. 132:4; Prov. 6:4. De ahí que el término «abrir» se aplica igualmente a los ojos y a las puertas de la cárcel.



2. CUANDO LAS PALABRAS VARÍAN POR OMISIÓN, ADICIÓN O TRANSPOSICIÓN.



ü  Mt. 4:10; Lc. 4:8. «Al Señor tu Dios adorarás» está tomado de Dt 6:13 y 10:20. Los LXX, lo mismo que el hebreo, tienen: «temerás» en lugar de «adorarás», pero como el temor de Yahweh incluye la adoración de Dios, el Señor Jesús cambió el phobethésetemerás») de los LXX, por proskynéseis («adorarás).

ü  Mt. 4:15, 16, tornado de Is. 9:1–2 (BH, 8:23–9:1). Aquí, la cita difiere, tanto del hebreo como de los LXX, siendo así una acomodación, lo cual no es de extrañar, porque en Isaías (según los LXX) es una profecía, mientras que en Mateo tenemos su cumplimiento.

ü  Mt. 5:31, tomado de Dt 24:1; pero esta cita no intenta ser precisa y exacta, ya que introduce las palabras con la sencilla fórmula: «fue dicho», implicando que quienes lo dijeron falsificaron el sentido de la Ley al introducir su propio sentido.

ü  Mt. 12:18–21, tomado de Is. 42:1–4. Aquí, el Evangelio difiere de los LXX casi en todas las palabras hasta que llegamos a la última frase. Difiere también del hebreo en esta última frase, ya que refiere el «cumplimiento», no meramente las palabras de la profecía, con lo que las palabras toman la forma de un comentario o de una reafirmación por parte de Dios.

ü  Mt. 19:5. «Y los dos.» Estas palabras están en los LXX, pero faltan en el hebreo de Gen. 2:24, sin que por eso varíe el sentido, puesto que las palabras que siguen se refieren únicamente a «los dos».

ü  Mt. 22:24. Está tomado de Dt 25:5, 6, pero son los saduceos los que no citan bien, sino que se limitan a dar la sustancia del asunto bajo la fórmula vaga: «Moisés dijo.»

ü  Rom. 11:3, 4. Está tomado de 1 R. 19:10, 14, 18, pero no sigue al hebreo ni a los LXX, contentándose con dar los hechos, a la vez que hace una trasposición entre la destrucción de los altares y la matanza de los profetas.

ü  1 Cor. 2:9. Tomado de Is. 64:4 (BH, 3). La fórmula «como está escrito» se refiere aquí al sentido más bien que a las palabras. El Autor Divino, al repetir las palabras, las varía a veces, como hace aquí: primero, trasponiendo el oír y el ver; segundo, añadiendo: «ni han subido al corazón del hombre», con lo que difiere del hebreo y de los LXX. Además, aplica el sentimiento general a un caso particular, ya que lo que se dice en abstracto y universalmente en Isaías, se pone aquí en contraste con ciertas cosas particulares que son reveladas (v. el v. 10).

ü  1 Cor. 14:21. Está tomado de Is. 28:11, 12, pero la cita difiere del hebreo y de los LXX, y es acomodado a las nuevas circunstancias por medio de la omisión de la frase central, la cual no tiene importancia para esta ocasión.

ü  1 P. 1:24, 25. De Is. 40:6–8. Las palabras no son introducidas por ninguna fórmula que anuncie una cita. Es una referencia a Is. 40, del que se citan algunas palabras, mientras se omiten otras que no tienen relevancia alguna para el objetivo del Apóstol.



3. CUANDO SE CAMBIAN LAS PALABRAS POR UNA LECTURA O POR UNA INFERENCIA; O SE CAMBIA EL NÚMERO, LA PERSONA, EL MODO O EL TIEMPO.



Así es como acostumbramos nosotros citar las Escrituras; y, al adaptarlas aplicándolas a una circunstancia especial, nos apartamos de la interpretación original en cuanto a las circunstancias  especiales conectadas con ellas, y no dudamos en cambiar el tiempo, o el número o la persona, etc. Esto no priva de su autoridad a la cita que hacemos ni altera la Palabra de Dios.



(a) Con una lectura diferente.

Heb. 10:5. «… Pero me preparaste un cuerpo». Estas palabras están tomadas del Sal. 40:6 (según los LXX) y difieren del hebreo (Sal. 39:6), que dice: «Has horadado mis orejas» (lit. has abierto mis oídos). Es de notar que no dice en Heb. 10:5: «Como está escrito», sino que, «al entrar en el mundo, dice» (Jesús). Lo que él dijo al cumplir la profecía no es extraño que entrañe alguna variación de la forma en que el acontecimiento fue profetizado muchos siglos antes. Lo que tenemos aquí es, pues, una adaptación o acomodación de una profecía; y se han cambiado las palabras para que se ajustasen al cumplimiento actual de la profecía. El texto consta de cuatro líneas dispuestas en alternancia:

            a.     «Sacrificio y ofrenda no te agradaron;

             b.     has horadado mis orejas;

             a.     No deseabas holocausto ni expiación;

b.     Entonces dije: Aquí estoy… el hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado» (Sal. 40:6–8).





En a y en a, tenemos sacrificios; en b y b, obediencia. Véase el parecido con 1 S. 15:22:

a.     «El obedecer     

b.     es mejor que los sacrificios,     

a.     y el prestar atención,

b. Que la grosura de los carneros.»



De nuevo tenemos aquí, en contraste, la obediencia y el sacrificio. Y eso es exactamente lo que tenemos en Heb. 10:5, excepto el que la obediencia es expresada de modo diferente.



v  En Sal. 40:6, el símbolo de la obediencia es el abrir u horadar los oídos, en consonancia con Is. 50:5 y 48:8, siendo una alusión a Ex. 19:5; 21:5–6 y Dt 15:16–17, mientras que el contraste está en armonía con 1 S. 15:22; Jer 7:22. Horadar las orejas significaba la aceptación voluntaria de la esclavitud, con la promesa de cumplir con tal servidumbre.

v  Pero en Heb. 10:5, no tenemos la promesa (como en Sal. 40:6), sino el actual cumplimiento de la obediencia y, por consiguiente, las palabras son cambiadas por el que vino a cumplir la voluntad de Dios. Seguramente que tenía derecho a cambiarlas y a establecer, como hecho consumado, lo de «me preparaste cuerpo» mediante el cual obedecerte con una obediencia perfecta hasta la muerte (v. Fil. 2:7–8), lo cual es mejor que todos los sacrificios juntos. El «complacerse de Yahweh» (de 1 S. 15:22) es expresado en Mt. 3:17, como había sido predicho en Is. 42:1.

v  Heb. 11:21. Esto no es una cita, pero, ya que generalmente se la trata así, como si estuviese en discrepancia con Gen. 47:3, la puede ver el lector en histéresis.

(b) Con una inferencia.

ü  Mt. 2:6. Aquí tenemos varios cambios por vía de inferencia y de explanación, ampliando el sentido de las palabras de Miq. 5:2 (BH, 1), que dice: «Pero tú, Belén Efrata, aunque eres pequeña para ser contada entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel.» En Mt. 2:6, tenemos «tierra de Judá», en lugar de Efrata, que era su nombre original (v. Gen. 35:16, 19; 48:7), como bien lo entendió Herodes. En vez de la afirmación «eres pequeña», tenemos en Mateo «de ningún modo eres la menor» (en forma negativa), puesto que, aun cuando era pequeña en tiempo de Miqueas, ya no lo era ahora después del nacimiento del Mesías (Mt. 1), pues este acontecimiento había conferido a la ciudad su verdadera grandeza. El vocablo que nuestra Reina-Valera vierte por «familias» en Miqueas, significa propiamente «jefes de las familias» («príncipes», en Mt. 2:6), más bien que «millares». Y, en lugar de «regirá», hallamos en Mateo «apacentará», verbo que, por cierto, hallamos en Miq. 5:4. Finalmente, la expresión «me será» de Miqueas falta en Mateo, porque el énfasis se carga ahora en el hecho más bien que en el objetivo que Dios tenía en mente (aunque ambos eran verdad); por eso, la razón es presentada por medio de la conjunción «porque»; y el hecho es añadido en la expresión «mi pueblo».

ü  Hch. 7:43. La cita difiere del texto hebreo y de los LXX (Am. 5:25–27) en cuanto a las palabras, pero Dios hace una inferencia aquí, de forma que el texto se refiera a otros hechos también y a otras verdades. En lugar de usar el vocablo «Quiyún», para referirse al dios de Am. 5:26, se usa el equivalente griego «Renfán». En vez de leer «esos ídolos que os hicisteis», se dice «figuras que os hicisteis para adorarlas», enfatizando así la idolatría del pueblo. Y, en lugar de decir «más allá de Damasco», Esteban dice «más allá de Babilonia». Esto se explica por el hecho de que en Hch. 7:42, como en Amós, la referencia es a «la casa de Israel», en contraposición a Judá; y aunque Judá fue deportada a Babilonia, Israel fue deportado «más allá de Babilonia», para expresar, por inspiración del Espíritu Santo, que Israel fue llevado más lejos que Judá, como podía apreciarse a la luz de toda la historia anterior.

ü  Rom. 9:27. Está tomado de Is. 10:22, pero, por inferencia, se usan diferentes palabras para referirse al mismo pueblo.

ü  Rom. 9:29. «… Si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado descendencia» (lit. simiente; gr. sperma). En Is. 1:9, de donde está tomada la cita, dice: «Si Yahweh Tsebaoth no nos hubiese dejado un remanente» (lit. un sobreviviente; hebr. sarid), pero el vocablo hebreo significa prácticamente lo mismo, aun cuando los vocablos difieran.

ü  Rom. 9:33. «… Y el que crea en él no será avergonzado». La cita es de Is. 28:16, donde dice: «el que crea (en ella, la «piedra»), no se apresurará» (lit.). El verbo hebreo jush significa «huir deprisa» o «alarmarse».



Ahora bien, el que cree no tiene por qué alarmarse, porque puede esperar tranquilo el cumplimiento de las promesas divinas; lo cual equivale a «no avergonzarse» (comp. con 1 Jn. 2:28), mientras los demás huyen llenos de vergüenza.



v  Ef. 4:8. Éste es un caso en el que se supone que hay diferencia de lectura con respecto a Sal. 68:18 (BH, 19), de donde está tomada la cita. Dice: «… Y dio dones a los hombres». El hebreo del salmo dice, en cambio: «Recibiste dones en los hombres» (lit.); o, más exacto, «en el ser humano» (está en singular). En el salmo, tenemos una profecía de que «Yahweh Elohím habitaría entre ellos», mientras que en la Epístola tenemos el cumplimiento, en el sentido de que los dones recibidos han sido actualmente dados, pues Dios habita ya en medio de su pueblo por medio del Espíritu Santo. Pero, aparte de esto, hay que tener en cuenta que el verbo hebreo laqaj tiene el doble sentido de «recibir» para «dar» (v. Gen. 18:5; 27:13; 42:16; Ex. 27:20; Lev. 24:2; 2 R. 2:20).

v  Es también de notar, como ya hemos apuntado, que, en el salmo, dice: «recibiste dones en el hombre» (singular y con artículo; hebr. baʾadam); por lo que podríamos traducir: «recibiste dones en tu naturaleza humana»; esto es, como «el Hijo del Hombre» (comp. con Mt. 28:18; Jn. 13:3); fue así como «dio dones a los hombres».



(c) Con diferencia de número gramatical.



v  Mt. 4:7. «No tentarás al Señor tu Dios.» En Dt 6:16, dice: «No tentaréis Yahweh vuestro Dios.» Siendo un mandamiento general, bien pudo el Señor aplicarlo en singular al Tentador.

v  Rom. 4:7. «Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades han sido perdonadas.» En el Sal. 32:1, la frase está en singular: «Bienaventurado aquel a quien es perdonada su transgresión, y cubierto su pecado.» Pero no es una cita directa, pues es introducida con las palabras: «Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades han sido perdonadas, y cuyos pecados han sido cubiertos. Dichoso el varón a quien el Señor no imputará ningún pecado.» Pero en el hebreo, el vocablo «hombre» (hebr. ʾadam) no aparece hasta el v. 2, ya que el v. 1 dice literalmente: «Oh, las bendiciones (¡así comienza el Sal. 1:1!), del perdonado de transgresión, del cubierto (en cuanto al) pecado.» Este singular, pues, puede usarse colectivamente de un pueblo perdonado, siendo así extendido por el Espíritu Santo conforme al sentido del salmo.

v  Rom. 10:15. «… ¡Cuán hermosos son los pies de los que evangelizan las cosas buenas!» (lit.). En Is. 52:7, leemos: «… los pies del que», donde el singular está, por sinécdoque, en lugar del plural, así como los «pies» están, por la misma figura, en lugar de la «persona».



(d) Con diferencia de persona.



Ejemplos de esto pueden verse en heterosis de persona.



(e) Con diferencia de modo y tiempo.



También pueden verse ejemplos de esto en heterosis del verbo. Baste aquí el ejemplo de Mt. 13:14, 15, donde (en la cita de Is. 6:10), se usa el modo indicativo, por heterosis, en lugar del imperativo.









4. CUANDO SE AMALGAMAN DIVERSAS CITAS (CITACIONES COMPUESTAS).



A veces, un cierto número de frases sueltas son tomadas de diversas porciones y presentadas como una porción conectada. Esta figura es común a toda clase de literatura, como puede verse en autores clásicos, lo mismo que modernos. Los hombres no están autorizados a sacar textos de la Biblia y unirlos como mejor les parezca, pero el Espíritu Santo puede tomar sus propias palabras de distintos lugares de la Escritura y unirlos en un solo tema, aun cuando nosotros no acertemos a discernir dicho tema en los diferentes pasajes.



ü  Por ejemplo:

ü  Mt. 21:5. «Decid a la hija de Sión: He aquí que tu rey viene a ti.» Aquí tenemos una cita compuesta, ya que la primera frase está tomada de Is. 62:11, pero la segunda está extractada de Zac. 9:9.

ü  Mt. 21:13 (Mr. 11:17 y Lc. 19:46). En este lugar, y en sus paralelos, el Señor exclama: «… Escrito está: Mi casa será llamada casa de oración; pero vosotros la estáis haciendo cueva de ladrones» (lit. según los mejores MSS). La primera parte del versículo es de Is. 56:7; la segunda, ligeramente alterada, de Jer 7:11. En ambas porciones (que armonizan con los LXX), el tema es el mismo; a saber, el templo y el modo correcto de usarlo.

ü  Mr. 1:2, 3. «Como está escrito en Isaías el profeta…» Los profetas citados son Mal. 3:1 e Is. 40:3, pero se menciona sólo a Isaías, porque su libro encabezaba el rollo de los profetas.

ü  Lc. 1:16–17 está tomado de Mal. 4:5–6 (BH, 3:23–24) y 3:1.

ü  Hch. 1:20 está tomado de Sal. 69:25 (BH, 26) y 109:8, difiriendo del hebreo lo mismo que de los LXX.

ü  Rom. 3:10–18 es una larga cita hecha con base en los siguientes pasajes, todos los cuales se refieren al mismo tema. Se componen de dos clases de porciones: una, general; otra, particular: Los vv. 10–12 están tomados de Sal. 14:2–3; 53:2–3 (BH, 3–4); Ecl. 7:20, que hablan, en general, de la universalidad del pecado, mientras que los vv. 13–18, tomados de Sal. 5:9 (BH, 10); 36:1 (BH, 2); Is. 59:7–8, prueban lo mismo, aludiendo a las manifestaciones del pecado en casos particulares. De este modo, se emplean dos métodos de probar por inducción.

Con todo, hay autores que, «olvidando su lógica», como dice el doctor Franklin Johnson, ven una dificultad en este sencillo método de argumentar, que es común a todos los autores de todas las épocas y en todos los idiomas. Es de notar que, en todos los casos, el raciocinio es correcto al proceder del universal al particular, no del particular al universal (como hacemos con frecuencia los hombres), lo cual es falso según las leyes de la lógica y destruye por completo la fuerza de la argumentación.



ü  Rom. 9:33 está hecho de Is. 28:16 y 8:14, difiriendo del hebreo, así como de los LXX.

ü  Rom. 11:8 está hecho de Is. 29:10 y Dt 29:4.

ü  Rom. 11:26–27 está tomado de Is. 59:20–21 y 27:9, en conformidad, en ambos casos, con los LXX.

ü  1 Cor. 15:54–55 está hecho de Is. 25:8 y Os 13:14, variando con respecto al hebreo y a los LXX.

ü  2 Cor. 6:16 está hecho de Lev. 26:11–12 y Ez. 37:27, diferenciándose del texto de los LXX.

ü  Gal. 3:8 está hecho de Gen. 12:3 y 18:18.

ü  Heb. 9:19–20 está hecho de Ex. 24:6–8 y Núm. 19:6.

ü  1 P. 2:7. Está hecho de Sal. 118:22 e Is. 8:14.



Hay quienes hacen de estas citas una dificultad, como si el Espíritu Santo, Autor principal de la Palabra de Dios, no tuviese autoridad para repetir, variar y combinar Sus propias palabras de cualquier manera que le plazca, cuando los autores humanos de todas las épocas se han tomado esa misma libertad sin que se les haya objetado nada. En lugar de ver aquí una dificultad, deberíamos aprender de dichas variaciones muchas e importantes lecciones, ya que no son otra cosa que comentarios divinos, hechos sobre la palabra divina, por el divino autor.



5. CUANDO LAS CITAS SE HACEN DE LIBROS SECULARES O, EN GENERAL, DE LIBROS QUE NO ESTÁN EN LA BIBLIA.



A veces, el Espíritu Santo cita palabras de escritos humanos, ya sea para garantizar la verdad de lo que se afirma en ellos, ya sea para refutar a los que creen lo escrito y lo aceptan como verdad. Con todo, no todas las citas que son consideradas como tomadas de otras fuentes, lo son en realidad. Por ejemplo: «Y de la manera que Janés y Jambrés resistieron a Moisés» (2 Ti. 3:8) se supone por algunos que es una cita del Tárgum de Jonatán ben Uziel sobre Ex. 7:11; pero el Espíritu Santo pudo inspirar esto con independencia de cualquier otra fuente, como un hecho revelado.

Además, muchos creen que el Tárgum aludido es de época más reciente. También la profecía de Enoc en Jud. 14 pudo servir de fundamento para el llamado «Libro de Enoc», en lugar de suponer que Jud. 14 se funde en un pretendido «Libro de Enoc». Lo mismo hemos de decir con respecto a Jud. 9, donde se nos habla de una disputa entre el arcángel Miguel y Satanás acerca del cuerpo de Moisés.



POR OTRA PARTE, HAY EN EL N. T. TRES EVIDENTES CITAS DE ESCRITOS SECULARES, QUE SON LAS SIGUIENTES:



v  Hch. 17:28. «… como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque somos también linaje suyo». Esta es una cita exacta del poeta Arato, nativo de Tarso, quien la escribió en su poema Diosemeia («señales de Zeus», nombre griego de Júpiter). En términos similares se expresó el poeta Cleantes, nativo de Assos en Tróade, en su Himno a Júpiter. Como Pablo dice «poetas», en plural, es probable que se refiera a ambos, mientras que el artículo, en función de pronombre, se refiere a Júpiter. No es que Pablo creyese que Júpiter era Dios ni «padre de los hombres», sino que lo usa como argumentum ad hominem, según se dice técnicamente; es decir, tomando pie de la creencia de los griegos en un Dios supremo.

v  1 Cor. 15:33. «… las malas compañías corrompen las buenas costumbres». La frase griega ocurre en esta misma forma, según Jerónimo, en el Thais de Menandro. El doctor Burton opina que Menandro la tomó probablemente de Eurípides. Meyer, en cambio, cita a Platón (República, VIII, 550, B). Estas diversas opiniones muestran que la frase corría de boca en boca como proverbio, y como tal la cita aquí Pablo.

v  Tito 1:12. «Uno de ellos, su propio profeta, dijo: Los cretenses son siempre mentirosos, malas bestias, vientres (lit.) ociosos»; esto es, glotones y holgazanes, además de mentirosos y salvajes.



Esto incluye otra nueva figura: oxýmoron. Jerónimo dice que el poeta aludido es Epiménides, y que la frase citada ocurre en su libro De Oraculis = «Sobre los oráculos», por lo cual es llamado «profeta» por Pablo, ya sea por ironía, ya sea por el título de su obra. Calímaco, un poeta de Cirense, hace uso de estas palabras en un himno a Júpiter, en el que satiriza a los cretenses por la jactancia de éstos al afirmar que Júpiter estaba enterrado en Creta, siendo así—dice Calímaco—, que Júpiter es inmortal. Fue con base en esto por lo que Ovidio dijo: «No siempre mienten los cretenses.» Alguien ha dicho que si los cretenses eran siempre mentirosos, y lo confirma un cretense, tampoco a éste se puede creer, porque también habría de ser mentiroso. Pero todos estos argumentos caen por tierra ante la afirmación del Espíritu Santo de que ¡este testimonio es verdadero!

En Hch. 17:22, 23, no tenemos, en realidad, una cita, sino una referencia a un hecho cuya historicidad está confirmada por los escritores tanto antiguos como modernos: «Varones atenienses, en todo observo que sois extremadamente religiosos; porque mientras pasaba y observaba los objetos de vuestra adoración, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS DESCONOCIDO. Al que vosotros, pues, adoráis sin conocerle, a ése os vengo a anunciar.» Hablando de Pablo, dice Jerónimo que «aprendió del verdadero David a arrebatar al enemigo su espada y cortarle la cabeza con la propia arma del adversario». Luis Vives (De Civitate Dei, lib. VIII, cap. 17) dice que Pausanias en su libro Atenienses, habla de Los altares de dioses desconocidos, que habían sido inventados por Epiménides el cretense, ya que, cuando la provincia de Ática fue visitada por una terrible plaga, preguntaron al oráculo de Delfos qué debía hacerse, y el oráculo respondió que debían ofrecer sacrificios, pero sin nombrar al dios al que se los ofreciesen. Epiménides, que se hallaba por entonces en Atenas, les mandó que soltasen por el campo las bestias destinadas para el sacrificio, y que los sacrificadores las siguiesen con esta indicación: que, dondequiera se parasen los animales, allí debían ofrecer sacrificio al dios desconocido, a fin de que se aplacase su ira.

Col. 2:21. «… No toques, ni gustes ni manejes». Estos mandamientos de hombres estaban probablemente prescritos en esas mismas palabras y se hace referencia a ellos como a cosa bien conocida. También las conocemos hoy, porque el hombre es siempre el mismo y la naturaleza humana no ha cambiado desde entonces.






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