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martes, 20 de marzo de 2012

UN RECORRIDO HISTORICO DE LAS BIBLIAS EN ESPAÑOL


Nos interesa saber algo de la historia de la Biblia en el idioma castellano, puesto que este tema se relaciona con varias traducciones corrientes de la Biblia que son de valor en el estudio de ella.
1.     Versiones primitivas
Primero estudiaremos algo sobre las versiones más antiguas en el idioma castellano.
i.     Primeras referencias
La primera referencia que tenemos a una versión de las sagradas Escrituras en el idioma español en su forma vulgar, aunque no poseemos ninguna parte de ella, está contenida en un decreto de 1233, de Juan I, rey de Aragón, en el sentido de que nadie, ya fuera clérigo o laico, poseyera en su casa, o leyera, alguna versión del Antiguo o del Nuevo Testamentos en la forma vulgar.
Este decreto indica la existencia de una versión, o quizás más, las que son desconocidas a la historia posterior. Es probable que ha sido destruído todo vestigio de esta versión, o de estas versiones, por la vigilancia de los agentes del rey, afanosos por aplicar al pie de la letra las provisiones del decreto real.
ii.     La Biblia de Alfonso el Sabio (1280). La Biblia Alfonsina
La Biblia Alfonsina parece ser la primera Biblia completa en español. Fue hecha por orden de Alfonso X (1252–1284), rey de Castilla y León que lleva por sobrenombre el Sabio.
Aunque salió en una época tan temprana, ejerció poco efecto sobre la conciencia católica de España, en parte porque aún no existía la imprenta y porque era publicada en forma manuscrita.
iii.     Otras Biblias incompletas
Los manuscritos que tenemos de los tiempos precedentes a la Reforma son incompletos. Entre éstos hay un manuscrito del siglo XV que contiene la primera mitad de la Biblia. De esta versión se dice que el traductor de la parte del Salterio fue un tal Herman, de origen alemán. El otro manuscrito contiene la segunda mitad de la Biblia. Los eruditos encuentran semejanzas entre este texto y el antiguo texto visigótico, versión en el lenguaje vulgar de España antes de que se extendiera el uso de la lengua romance.
Una Biblia temprana, bilingüe, que contiene en una columna la versión de la Vulgata, y en otra la traducción española, es mencionada por J. M. Eguren (Memoria de los códices notables de España, Madrid, 1859). Esta traducción fue hecha por R. Salomón. Existe en un manuscrito incompleto en la Biblioteca de la Real Academia de la Historia (Madrid).
Hay otros manuscritos que vienen de esta época, entre los cuales el más importante es el llamado Biblia del Duque de Alba (Biblia de la Casa de Alba). Esta versión fue hecha por un rabino judío, Moisés Arragel (entre 1422–33?), a petición de Luis Guzmán, Maestre de la orden de Calatrava. Esta Biblia fue publicada apenas recientemente, en el año de 1922, por el duque de Berwick y Alba, en una edición de 300 ejemplares, habiendo pasado quinientos años antes de ser distribuída en forma impresa.
Otra versión de menor importancia es la Biblia de Quiroga, hecha de la Vulgata latina, llamada así porque fue dada por el Cardenal Quiroga a Felipe II (1527–98). Sigue el orden de libros de la Vulgata. Contiene sólo el Antiguo Testamento. Se cree que la tradujo un judío convertido.
También puede mencionarse de paso un manuscrito que contiene los libros desde Proverbios hasta el fin, una traducción hecha para Alfonso V, rey de Aragón (1416–58), también sobre la Vulgata latina.
Una traducción de la Biblia fue hecha por Martín de Lucema (el Macabeo), un judío convertido, a petición de Iñigo López de Mendoza, marqués de Santillana. Bajo el título de Biblia Medieval Romanceada, fue publicado el Pentateuco, por el Instituto de Filología de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires (1927).
Algunos otros pocos manuscritos existen que no podemos comentar aquí.
2.     Primeras Biblias impresas
En esta parte notaremos las primeras ediciones impresas de la Biblia en castellano.
i.     Los evangelios litúrgicos de López
Al parecer, la primera porción de la Biblia impresa en castellano fueron los evangelios litúrgicos, en 1490, traducidos por Juan López, dominicano, publicados por Antonio de Centenera, en Zamora (The Book of a Thousand Tongues, pág. 305). Esto fue corregido por Ambrosio de Montesino, sacerdote y escritor español (autor de la obra Comentario de la conquista de Baeza, etc.), y publicado en Toledo, en 1512.
ii.     El Pentateuco
La primera edición de una parte del Antiguo Testamento impresa en castellano fue el Pentateuco, una edición hecha por los judíos, en Venecia, en 1497.
iii.     El Nuevo Testamento de Encinas
Encinas hizo publicar en 1543 su Nuevo Testamento de Nuestro Redentor y Salvador Jesucristo, hecho sobre un texto griego preparado por Erasmo. El impresor fue Esteban Mierdmanno, en Amberes. Dedicó su edición del Nuevo Testamento a Carlos V, quien hizo que su confesor, Fray Pedro Soto, examinara la obra, el cual la condenó. Encinas fue preso en Bruselas, logrando con el tiempo escapar a Inglaterra, y más tarde a Ginebra.
iv.     La Biblia de Ferrara
La primera publicación completa del Antiguo Testamento en castellano fue hecha en Ferrara (Italia), en 1553, por judíos, desterrados de su patria. Esta traducción fue hecha de acuerdo con el hebreo, siguiendo el canon palestino (menos Lamentaciones), sin incluir los libros apócrifos.
Los traductores de esta Biblia fueron dos judíos portugueses, Abraham Usque (Eduardo Pinhel), y Yom Tob Atias (Jerónimo de Vargas). La versión no fue original, sino que fue arreglada tomando como base una antigua versión española en manuscrito. Esta versión fue corregida por Menasés ben Israel, en 1630, y por José Atias, en 1661.
v.     El Nuevo Testamento de Juan Pérez
Otro Nuevo Testamento apareció en castellano en el año 1556, traducido por Juan Pérez de Pineda, y publicado por Jean Crispin, en Ginebra. Por la semejanza de esta edición de Pérez a la de Encinas, y por algo que Cipriano de Valera dijo sobre lo mismo, creemos que es probable que la obra de Pérez fue mayormente la de impresión y no de traducción. Dijo Valera: “El doctor Juan Pérez, de pía memoria, año de 1556, imprimió el Testamento nuevo, y un Julián Hernández, movido con el zelo de aprovechar a su nación, llevó muy muchos destos Testamentos y los distribuyó en Sevilla, año de 1557.” Tiene este autor tres obras en el Indice de libros prohibidos y expurgados.
vi.     La Biblia de Reina y Valera
Así me refiero a la obra de traducción y revisión de los dos eruditos españoles Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera.
a.     Casiodoro de Reina
Casiodoro de Reina (Regno) es el que ha hecho la obra de mayor importancia en la traducción de la Biblia. Esta obra le llevó doce años de trabajos constantes y arduos. Está hecha de acuerdo con el texto hebreo para el Antiguo Testamento y el texto griego para el Nuevo Testamento.
Nacido en Sevilla, Reina estudió en un monasterio. Tuvo que salir de España en 1559 por razones de conciencia, y se radicó en Inglaterra. Publicó en 1569, en Basilea, su edición de las Escrituras (impresor T. Guarinus). Fue costeada esta edición con un donativo que había hecho el difunto Juan Pérez en su testamento (muerto ya en la peste, en 1553).
Al alto carácter literario de esta edición lo testifica el Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano: “Está escrita en lenguaje puro y correcto” (Artículo, Casiodoro de Reina). Respecto a lo mismo dice Menéndez y Pelayo: “Sobrepuja a las versiones de Felipe Scío y Torres Amat” (cit. por Varetto, Las Biblias en Castellano, pág. 22). Con referencia a esta versión, y las de Encinas, y Pérez, dice Lamy: “Dichas versiones están bien desempeñadas y hacen un gran honor a la nación española y la colocan por esta razón en un grado superior a las naciones cultas de Europa, pues todos saben que dichas versiones forman una de las épocas más gloriosas de la literatura española de aquellos siglos” (cit. por Varetto, ob. cit., pág. 26).
Esta edición lleva a veces el título de la Biblia del oso, porque los primeros ejemplares llevaron en la portada la figura de un oso que saca miel de un agujero en un árbol, tapado por un tonel sostenido de una rama. En el fondo, sobre la tierra, está una Biblia abierta, con la palabra Jehová escrita en letras hebreas. Sobre las páginas de la Biblia reposan abejas, que de ella sacan la miel, la que llevan y depositan en el árbol, desde donde es sacada por el oso, alrededor del cual vuelan las abejas. Esto podría representar el hecho de que de la Biblia el creyente saca la palabra de Dios, cual miel dulce que la naturaleza brinda libremente al hambriento.
b.     Cipriano de Valera
La edición de Reina constaba de unos 2600 ejemplares, muchos de los cuales fueron secuestrados por los agentes de la Inquisición, y pronto se agotó. Una nueva edición, que fue poco más que una revisión de la versión de Reina, fue hecha por Cipriano de Valera, quien trabajó durante veinte años. En 1596 publicó el Nuevo Testamento en Londres, por medio del impresor Richard Field (Ricardo del Campo). En 1602 hizo publicar la Biblia entera en Amsterdam, siendo el impresor Lorenco Iacobi.
La versión combinada de Reina y Valera ha sido la que mayor influencia ha ejercido en el elemento evangélico de habla española. Muchas nuevas revisiones y ediciones han sido hechas, mayormente por las sociedades bíblicas, pero poco se diferencian entre sí. En 1806 se publicó una edición del Nuevo Testamento de Reina y Valera hecha por la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, y en 1861 fue publicada una edición de la Biblia entera. La Sociedad Bíblica Americana hizo una edición del Nuevo Testamento en 1845, y de la Biblia en 1865. El texto de Reina y Valera que en la actualidad (1953) circula en las ediciones corrientes es uno preparado por J. B. Cabrera y C. Tornos (1909).
3.     Biblias Católicas
Los católicos de España tardaron más en hacer circular la Biblia en la forma vulgar del idioma, que los católicos de otros países, como los de Francia en 1550 (Versión de Lovaina), y los de Inglaterra en 1582–1610 (Reims y Douai).


i.     Versiones católicas antes de Scío
Cabe señalar que antes de Scío hubo traducciones de porciones de las Escrituras, la mayor parte de las cuales no llegaron a ser publicadas. Ya nos hemos referido a los evangelios litúrgicos de López, que fueron impresos en 1490. Otros manuscritos nos han sido heredados de los tiempos entre 1500 y 1793, cuando la versión de Scío salió.
Entre las versiones que hubo antes de la de Scío figuran los siguientes manuscritos: un manuscrito en la Biblioteca del Escorial, una traducción anónima de los cuatro evangelios, no publicado; un manuscrito de una traducción por Juan de Robles (siglo XVI), no publicado; una traducción de los evangelios de Mateo y de Lucas, de Fray José de Sigüenza (1540 o 1544–1606), no publicado. Existen también traducciones de los Salmos, y otras porciones de la Biblia, como una del Apocalipsis hecha por Gregorio López.
ii.     La Biblia de Scío
La primera versión entera impresa por los católicos es la de Felipe Scío de San Miguel, publicada en Valencia en 1790–93, siendo los impresores José y Tomás de Orga. No sólo fue ésta la primera Biblia en idioma castellano impresa por los católicos, sino que fue la primera Biblia impresa en España, habiendo sido impresas en el extranjero todas las otras que se originaron antes.
La primera edición de la Biblia de Scío fue de diez tomos, una obra muy costosa, que por ésta, si no por otra razón, no hizo mucha impresión en el pueblo español. Esta se compara con la edición italiana de Antonio Martini, de 1781, aprobada por la autoridad eclesiástica, que salió en veintitrés tomos.
La Sociedad Bíblica Americana ha hecho publicar ediciones de la versión de Scío, del Nuevo Testamento en 1819, y de la Biblia en 1824. La Sociedad Bíblica Británica y Extranjera publicó una edición del Nuevo Testamento en Barcelona en 1820, y de la Biblia entera en Londres en 1821.
iii.     La Biblia de Torres Amat
El siguiente traductor católico que debemos comentar es Félix Torres Amat, que en 1825 hizo publicar en Madrid (impresor León Amarita) una edición de la Biblia, con notas, que ha pasado por muchas ediciones. Esta traducción vino en respuesta a la necesidad de una traducción hecha sobre el hebreo y el griego, y fue encargada por Carlos IV.
iv.     La Biblia de Nácar y Colunga
Una edición de la Biblia que ha salido recientemente, con la debida licencia eclesiástica, es la Sagrada Biblia, por Eloino Nácar Fuster, y Alberto Colunga, publicada en Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1947, una edición con notas. Es una versión de mucho valor.

v.     La Biblia de Bover y Cantera
Otra edición nueva es la Sagrada Biblia, una versión crítica sobre los textos hebreo y griego, por José María Bover, y Francisco Cantera Burgos. Esta versión es excelente, y da muestra de erudición, y de atención escrupulosa al sentido de los idiomas originales. La casa publicadora es la Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, y la fecha es de 1947.
4.     Versiones Modernas
i.     La Versión Bautista
La llamada Versión Bautista salió en 1855, en Edinburgo, en la parte de los evangelios, preparados bajo los auspicios de la Unión Bíblica Americana. El Nuevo Testamento entero salió en 1858.
ii.     La Versión Moderna
La llamada Versión Moderna se publicó entre 1876–93. H. B. Pratt, misionero en Colombia, hizo una traducción de los Salmos, la que publicó en 1876, en Bucarmanga, Colombia. En 1877 salió el Evangelio de Mateo, y en 1886 el Génesis, publicados por medio de la Sociedad Bíblica Americana. En 1888, en una conferencia misionera en la Ciudad de México, fue nombrada una comisión para cooperar con Pratt en la traducción de toda la Biblia. En 1893 la Sociedad Bíblica Americana publicó la Biblia entera de Pratt. En 1929 se hizo una edición corregida de la misma.
iii.     La Versión de Fliedner
La Versión de Fliedner consiste de porciones del Nuevo Testamento, traducido por F. Fliedner, pastor luterano en España. El Evangelio de Mateo fue publicado en 1885 (Librería Nacional y Extranjera, Madrid); Lucas, 1886; Marcos, 1887; Juan y los Hechos, 1889; Romanos y Corintios, 1895; Efesios-Filemón, 1899–1900.
iv.     La Versión Hispano-Americana
Una de las versiones más importantes es la Versión Hispano-Americana, basada en el texto griego de Nestle que es un buen texto, aunque no el mejor. Fue empezada con una publicación de los evangelios en 1910 por la Sociedad Bíblica Americana, traducida por F. Díaz, V. D. Báez, H. C. Thomson, C. W. Drees, y J. Howland. Estos representaban al grupo americano. El mismo año fue publicado por la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera, en Madrid, el Evangelio de Mateo, traducido por J. B. Cabrera, C. Tornos, C. Araujo, W. B. Douglas, G. Fliedner, F. G. Smith, H. Payne, y W. T. Rhodes. Estos representaban a España.
El propósito de estas dos versiones, una de España y otra de América, publicadas al mismo tiempo, fue hacer una versión que satisficiera las necesidades de todo el mundo de habla española.
El Nuevo Testamento entero, publicado por las dos sociedades bíblicas, salió en 1916. La comisión que llevó a cabo esta obra de traducción fue compuesta de algunos de los hombres mencionados arriba: Drees, Thomson, Báez, Douglas, Cabrera, Smith, y Araujo, con la adición de Enrique Lindegaard.
La Versión Hispano-Americana es una versión que tiene muchas cosas buenas: lucidez de estilo, modernidad de lenguaje, un buen texto griego en el fondo, etc. Pero ha de reconocerse que no ha tenido la recepción que sus autores esperaban.
v.     La Versión de Pablo Besson
La Versión de Pablo Besson fue publicada en Buenos Aires en 1919 (Talleres Gráficos “Schenone”).
Pablo Besson, por su preparación y erudición, estaba bien calificado para hacer una traducción del Nuevo Testamento: estudió en Europa con los conocidos sabios F. Godet, F. Delitzsch, y C. Tischendorf, y siguió después durante toda su vida sus hábitos de investigar y escribir.
La Versión de Pablo Besson sufre un defecto en el texto por la preferencia de este traductor por el Texto Recibido.1 Aun así, la versión merece nuestro aprecio como instrumento de estudio bíblico, dada la erudición de su autor.
5.     Conclusión. Porvenir de la Biblia en español
No existe en español ningún texto fijo, como el del Rey Jaime (Versión Autorizada) en inglés que ha quedado sin otros cambios que los de la ortografía durante más de 300 años como la Biblia preferida por el pueblo común. La falta de tal texto es debido a que han sido hechas muchas revisiones de la versión de Cipriano de Valera, y los cambios que han sido introducidos son mucho más importantes de los que se hallan en la correspondiente versión popular en inglés.
Para mí es una buena cosa que la versión de Cipriano de Valera haya sido cambiada, aun en lo poco que se ha cambiado, por cuanto las modificaciones y mejoramientos en la versión corriente del pueblo, introducidos con el fin de hacer más comprensible el lenguaje de la versión, impiden que la Biblia llegue a ser ininteligible para el pueblo común. Nuevas traducciones de la Biblia deben salir en cada generación. Estas deben llevar en sí los resultados de las conclusiones de los sabios en cuanto al texto y en cuanto a la interpretación, así como la modernización del lenguaje. Así se evita que el idioma de la Biblia llegue a ser muerto y anticuado.
El origen de todos los períodos de estancamiento religioso y espiritual se ha debido a que la Biblia ha sido retirada del pueblo, generalmente porque el idioma en que estaba escrita llegó a ser desconocido para el pueblo. Tal efecto nefasto puede producirse cuando la autoridad eclesiástica sanciona y aprueba cierto texto como el único y autorizado, y no permite que nuevas revisiones sean hechas. Con el correr del tiempo el lenguaje popular del pueblo cambia, pero el texto aprobado permanece igual, cual frío monumento que lleva epitafios de hombres grandes pero difuntos. Aunque el pueblo admire el arte con que han sido escritos, aunque se deleite en sus hermosas y clásicas frases e idiotismos, no se va a conmover en lo íntimo de su ser con leer sus ininteligibles dichos.
Dios habla al hombre humilde y sencillo en el lenguaje diario a que él está acostumbrado. Me refiero a aquel intercambio diario que existe entre el hombre sincero y religioso, y el Ser Supremo, en los problemas de su trabajo, en las enfermedades de sus hijos, en las relaciones con sus semejantes. En este lenguaje diario, moderno y corriente, debe hablar Dios al hombre en las páginas del Nuevo Testamento.
El poder de la reforma en Alemania fue la Biblia de Lutero, hecha al alcance del pueblo en el idioma corriente de aquel tiempo, por medio del cual Dios hablaba al pueblo en el lenguaje que entendía. El éxito de la reforma en Inglaterra, y la fuente del interés moderno en la evangelización y en la obra misionera, tuvo su fuente en las versiones escritas en la forma vulgar del idioma, las de Juan Wiclif, Guillermo Tindale, Miles Coverdale, y otros, y especialmente en la Versión Autorizada de 1611. Si en España el pueblo hubiese tenido acceso a la versión de Reina y Valera, que reflejaba fielmente la manera de hablar del pueblo de su época, habría habido una reforma de religión que hubiera puesto a España a la vanguardia en la carrera espiritual que seguía la civilización occidental en la época del renacimiento.
La Biblia en el idioma del pueblo es la meta a la cual el cristianismo debe siempre dirigirse, y para alcanzar este ideal, deben levantarse siempre nuevos traductores. Estos deben conocer a fondo su propio idioma. Deben beber profundamente de las fuentes originales. También deben familiarizarse con la espléndida herencia que nos han dejado los traductores del pasado, y los comentaristas bíblicos, en francés, en alemán, y en inglés, para que el idioma castellano tenga una versión fiel al pensamiento del autor sagrado, así como adecuada para el anuncio de este pensamiento al mundo.
En fin, ninguno de los textos nuevos tiene mucha esperanza de suplantar las diferentes ediciones de Cipriano de Valera que circulan entre las iglesias, ni las han de suplantar. Son mejores, desde el punto de vista del texto griego y de la interpretación, pero no satisfacen al pueblo, ni a los mismos pastores, que siguen leyendo desde el púlpito la antigua versión.
Creo que la falta de un buen texto moderno, que se adapte a las exigencias de nuestro ambiente, se debe a dos cosas, y corresponde a la misma situación que existe en el inglés: Por una parte hay una exagerada actitud conservadora en corregir el antiguo texto de Reina y Valera, en aquellas nuevas ediciones de él que han salido; y por otra parte hay una desviación demasiado radical en las versiones nuevas que han salido. Por supuesto, una versión nueva, que nada tiene que ver con la antigua, es siempre buena, y ha de contribuir al fondo que tenemos de conocimientos bíblicos. Pero no ha de pensarse que este nuevo texto llegue al corazón del pueblo, existiendo otro texto más viejo, muy leído, y más o menos inteligible.
En inglés existen muchas versiones modernas, las de Weymouth, Montgomery, Goodspeed, Moffatt, etc., las que tienen su lugar. Pero no ofrecen competencia a la Versión Autorizada. Los cambios son demasiado grandes. En cambio, en los esfuerzos para hacer una revisión de la Versión Autorizada del inglés, ha sido cometido el primer mencionado error, el de no ser suficientemente enérgico en la modernización del antiguo texto. Ni la English Revised Version, de 1885, ni la American Standard Version, de 1901, satisficieron la conciencia cristiana de habla inglesa, ni tampoco a los eruditos que abogaban por algo que contuviera los resultados de los estudios modernos.
Ha salido una versión en inglés, la Revised Standard Version, hecha por una comisión de estudiosos norteamericanos y británicos. Esta versión tiene como norma el conservar el elegante y clásico estilo del inglés de la antigua versión, pero con una debida atención a las conclusiones de la ciencia moderna del texto y de la interpretación. El resultado es algo que da gusto leer. Creo que es lo mejor que se ha hecho en el inglés.
Me parece que igual cosa podría hacerse en el castellano. Se podría formar una comisión que fuera compuesta de estudiantes bien versados en griego y castellano, representativos de los diversos países de habla española donde trabajan, quienes procederían a corregir la antigua versión de Reina y Valera, a la luz de los progresos hechos en las ciencias bíblicas, teniendo en cuenta los cambios que han sido hechos en el idioma, conservando a la vez lo clásico en la antigua versión. Sería necesario proceder con energía en divorciar del texto todo vestigio de lo anticuado y lo erróneo. Y luego sería preciso dejar de publicar el antiguo texto y comenzar a publicar el nuevo.


ob. cit. obra citada (referente a la obra de un autor que ha sido citada anteriormente).
1 Texto Recepto (Recibido), versión del Nuevo Testamento en griego impresa por los hermanos Elzevir, en 1624. Era basado sobre un texto de Erasmo, y otras ediciones anteriores. Era considerado durante largo tiempo como una versión modelo, aunque es una versión inferior.

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