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jueves, 1 de marzo de 2012

¿Imitadores o bufones en la fe?

 En el NT encontramos μιμέομαι, μιμητής y συμμιμητής. En 3 Juan 11 simplemente tenemos una admonición general; en contexto significa tomar como modelo a Demetrio en vez de Diótrefes (vv. 9ss). En Hebreos 13:7 (cf. 11:4ss; 12:1ss) imitar la fe significa no simplemente esforzarse por vivir a la altura de la fe de otros, sino una disposición a emprender el mismo camino de fe en un compromiso completo con Cristo. En Hebreos 6:12 μιμηταί tiene un énfasis fuertemente activo, a menos que el punto sea una simple comparación, es decir, que los lectores deben heredar las promesas como aquellos que han mostrado fe y paciencia. En 1 Tesalonicenses 2:14 el punto es la comparación; lo que les sucedió a las iglesias de Judea les ha sucedido ahora a los tesalonicenses y no es ninguna excepción a la regla. En 2 Tesalonicenses 3:7, 9 Pablo se propone él mismo como ejemplo de ganarse su propio pan sin ser una carga para los demás. Aquí τύπος es más que un patrón; es un modelo autoritativo. τύπος figura también en Filipenses 3:17, que exige que los lectores se unan en la imitación de Pablo y también se fijen en aquellos que se conducen de ese modo.

Aquí, de nuevo, Pablo no es sólo un patrón sino también un ejemplo autoritativo. Ellos deben caminar como él lo hace, pero al hacerlo así deben obedecer. Este elemento de obediencia es muy claro en 1 Corintios 4:16, ya que Pablo ha enviado a Timoteo para recordarles a los corintios sus «caminos» en Cristo, e. d. no simplemente su conducta sino sus directrices. Lo mismo se aplica en 11:1. Sin duda, Pablo se ofrece él mismo como modelo en 10:32–33. Él mismo sigue el mismo criterio que les manda a sus lectores. Pero la imitación implica obedecer la regla así como copiar el ejemplo de Pablo. Es por esto que Pablo añade: «como yo lo soy de Cristo». Si quisiera decir simplemente que Cristo es un modelo para él, entonces sin duda les habría señalado a los corintios directamente a Cristo y les habría explicado en qué sentido es Cristo un modelo. Cristo es, desde luego, un modelo en este sentido en Romanos 15:1ss y Filipenses 2:4ss.

Pero en estos pasajes Pablo elabora la idea, y en cualquier caso no es seguro que Cristo como modelo sea realmente el concepto central en Filipenses 2:4ss. El punto, entonces, es más bien que los corintios deben imitar a Pablo haciendo caso de su palabra, así como él imita a Cristo entendiendo el ministerio apostólico tal como Cristo lo desea. La propia autoridad de Pablo descansa sobre la autoridad superior de Cristo. (En estas líneas, 11:2 está relacionado más de cerca con 11:1 de lo que a veces se piensa.) En 1 Tesalonicenses 1:6, «y del Señor» es una intensificación, y la frase siguiente muestra hasta qué punto los tesalonicenses son imitadores. Surge la pregunta, por supuesto, de si el énfasis en esta frase añadida se pone en recibir la palabra o en la mucha aflicción y gozo. Si es lo primero, entonces la idea es que al recibir la palabra los lectores se hacen imitadores obedeciendo, y se convierten en τύπος (v. 7) simplemente haciéndose creyentes y volviéndose a Dios (v. 8). Si el énfasis recae en la aflicción y el gozo, la imitación tiene algo más de la naturaleza de una comparación.

En Efesios 5:1 el «pues» o «por lo tanto» hace referencia hacia atrás a 4:32, y hacia adelante a 5:2. Si el punto es que Dios debe ser un ejemplo, entonces lo mismo se aplica a Cristo en 5:2. Pero 5:2 (cf. 4:32) parece estar suministrando más bien el motivo ético. El punto de 5:1, entonces, es que como hijos hemos de seguir la voluntad paterna de Dios, mostrando así que somos hijos. Tomar por modelo a Dios no es ser igual a Dios, sino vivir conforme a su amor de perdón. En general, Pablo usa el grupo en tres sentidos: (1) comparación (1 Ts. 2:14), (2) seguir un ejemplo (2 Ts. 3:7, 9), con una clara implicación de la autoridad de Pablo, y (3) obedecer órdenes (1 Co. 4:16; 11:1; 1 Ts. 1:6; Ef. 5:1). El NT en su conjunto no enseña la imitación en el sentido primario de imitar un ejemplo, sino más bien en el sentido predominante de discipulado, e. d. de obediencia a la palabra y la voluntad del Señor, ya sea directamente o por medio de los apóstoles.

Analicemos más de cerca los términos asociados:
μιμεόμαι (Mimeóme), imitar, seguir en pos; μιμητής (mimytís) imitador; συμμιμητής (symmimitís) coimitador.
1. Mimeóme μιμεόμαι (desde el s. VI a. C: de la raíz mi = cambiar) significa imitar, reproducir, lo que se ve en otros (así, según Aristóteles y Demócrito, al principio de la cultura, los hombres debieron aprender de los animales: de las arañas a tejer y a coser, de la golondrina, a construir casas; como ampliación de esto, cf. los materiales recogidos por Michaelis, loe. cit., 661 ss), emular con alegría, seguir; en el arte (teatro, pintura, plástica, poesía) representar la realidad mediante la imitación, imitar artísticamente (p. ej. Aristóteles —en contra de Platón— ve en la imitación de la realidad el fundamento positivo del arte. Cf. Michaelis, loe. cit., 662). El actor teatral es, por ello, el μῖμος [mimos], el mimo (desde Esquilo).
El mimetés (lat. imitator) es el imitador, espec. el artista que imita algo. En sentido un tanto peyorativo, las palabras designar el imitar sin gracia o bien la copia o el plagio. Ya desde muy pronto (en el presocrático Demócrito) este grupo de palabras sirve para designar una exigencia ética entre los hombres: hay que imitar el bien y no el mal; hay que imitar la valentía de un héroe, el buen ejemplo de un maestro o hay que tomar como modelos a los padres.
2. Una posición central ocupan las palabras de este grupo en la cosmología platónica: todo el mundo inferior de las sombras o apariencias es únicamente la copia μίμημα (Mímyma) visible «correspondiente» e imperfecta del modelo invisible que se encuentra en el mundo superior de las ideas (Tim 38-48). Pronto el término μίμησις [mimysis] es una determinación puramente real que explica la relación equivalente de diversos grados de ser entre sí. La expresión «imitar a Dios» (Phaedr. 252 s) significa únicamente en este contexto: rememoración de la imagen de la idea que se mantiene en la memoria y desarrollo de este esbozo dado previamente; no entraña el elemento de una decisión personal determinante para la imitación en sentido ético. Sólo más tarde los filósofos griegos atestiguan una penetración creciente de concepciones éticas en esta afirmación puramente cosmológica (cf. μανθάνω (Manzáno).
II Las palabras μιμεόμαι (Mimeóme) y μίμημα (Mímyma) están atestiguadas únicamente en los libros y escritos propios de la LXX (Sab 4, 2; 9, 8; 4 Mac 9, 32; 13,9). Sólo el rabinismo conoce una imitación de Dios en el sentido del desarrollo de la imagen de Dios en el hombre. Los apócrifos presentan, junto a la amonestación a imitar al hombre modélico (TestBen 3, 1;4,1), la idea de la imitación de Dios ( = atenerse a sus mandamientos: Test As 4, 3) y de determinadas cualidades de Dios (Arist. 188.210.280 s).

μιμεόμαι (Mimeóme), se encuentra sólo 4 veces (2 Tes 3, 7.9; Heb 13, 7; 3 Jn 11); μιμητής (mimytís) 6 veces (1 Cor 4, 16; 11, 1; Ef 5, 1; 1 Tes 1, 6; 2, 14; Heb 6, 12), συμμιμητής (symmimitís) únicamente en Flp 3, 17, y siempre desde un punto de vista ético-imperativo ligado al compromiso respecto a una conducta totalmente determinada:
1. Las palabras sirven para señalar a personas como modelos vivos visibles, esto es, como puntos de referencia para una conducta vital que se desprende de la -» fe. Precisamente cuando Pablo se presenta a sí mismo como tal modelo (p. ej. 1 Cor 4,16; 11, 1; Flp 3, 17; 2 Tes 3, 7.9), él se entiende a sí mismo en esos pasajes, no como la personificación de un ideal, que hay que imitar. Antes de amonestar a que le imiten, expresa conscientemente el reconocimiento de su imperfección (Flp 3, 12). Aquí por tanto, el τύπος (tipos) el -> ejemplo o modelo, no debe entenderse como la presentación de determinadas cualidades, sino, en primer lugar, como una conducta determinada por un objetivo concreto (Flp 3, 12-15), y en segundo lugar, como la experiencia de la persecución, del sufrimiento etc, por amor de Cristo, en una palabra: se trata de la vida en comunión con Cristo. Así pues, ser imitador del apóstol significa abrazarse a Cristo con plena conciencia de la propia imperfección, esto es, tratar de configurar la propia vida a partir de él siempre de nuevo en la obediencia (cf. 3 Jn 11). Este estado de cosas se muestra a las claras en 1 Cor 4, 16. Cuando Pablo, en el v. 17, les recuerda a los corintios su camino y su doctrina, su exigencia de imitación significa que ellos orientan su vida conforme a las indicaciones y a la conducta del apóstol. Y aunque ahí se presupone también una autoridad apostólica incondicional que se ha de respetar (cf. Michaelis, loe.cit., 669 ss), sin embargo, no se puede reducir el significado de esas palabras en Pablo a la mera obediencia.
a. Pablo pretende asociar la exhortación a la imitación no a su persona, sino a aquél al que él mismo sigue; así el apóstol nombra dos veces junto a sí (como autocorrección y para encarecer su parénesis) a Cristo como modelo de la imitación: en aquello que a Cristo se le hizo (pasiva: 1 Tes 1, 6: vivir en comunión de destino con él) y en lo que él hizo (activo: 1 Cor 11, 1: atenerse a su principio del amor). Al referirse a Cristo, piensa Pablo con toda probabilidad, no ya en rasgos concretos de la vida terrena de Cristo Jesús, sino en la autoridad del Cristo exaltado al cielo, que, en su palabra y en el Espíritu santo, está presente, y con ello, a su vez, en una conducta, como la que corresponde a aquél que pertenece al reino de Cristo. Cristo debe ser «el sujeto que configura activamente nuestra realización vital», no el objeto de la misma (WElert, Das Christliche Ethos, 1949, 303); pues Cristo es más que un modelo humano corriente, él es el modelo originario, no es exemplum sino exemplar (Lutero WA 2, 518, 16). La exhortación a imitar a Cristo en otras ocasiones la expresa Pablo no ya con μιμεόμαι (Mimeóme),  y su grupo de palabras, sino con otras expresiones (cf. Rom 15, 3.7; 2 Cor 5, 14; 8, 9; 10, 1; Flp 2, 5 ss; Ef 5, 2.25; asimismo Me 10, 45; Jn 13, 15, entre otros).
b) De un modo semejante a Pablo, utiliza nuestro grupo de palabras la carta a los Hebreos. Heb 6, 12 pone delante de la exhortación a la imitación esta advertencia:
«Desearíamos, sin embargo, que todos mostraseis el mismo empeño hasta que esta esperanza sea finalmente realidad». Pero, como imitadores, no están solos, sino que están entroncados con la serie de los antepasados (cf. Michel, Heb 250). Esto es, la actitud de fe de los padres del AT (6, 12) o de los maestros (13, 7) afianza, como el ejemplo de los perfectos, la certeza y la seguridad de los creyentes que se encuentran todavía en camino.
c) Por primera vez en Ef 5, 1 aflora la idea de que hay que imitar a Dios, pero no como un ser metafísico de cualidades determinadas que nos podrían servir de ideal, sino en su conducta revelada y hecha visible en Cristo: el seguimiento obediente de la voluntad del Padre, que se muestra en el amor y en el perdón (cf. Mt 5, 48 par).
3. Según eso, la «imitación» en el NT no se concibe como una repetición esquemática. Es la actitud vital del hombre que procede de la donación de Dios. «Así pues, la imitación no es camino hacia la salvación a través de unos hechos piadosos o buenos, sino una conducta de gracia, como corresponde a la salvación que se nos ha regalado» (HConzelmann, Epheser, 83). Por eso la invitación al seguimiento sólo se puede realizar cuando el hombre se deja agarrar por Cristo y se somete a una transformación como la que lleva consigo la existencia dentro del reino de Cristo.

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